El niño que quedó atrapado diez minutos en el filtro de una pileta y el triste final del guardavidas que le salvó la vida

Tenía 11 años cuando quedó succionado por el sistema de filtrado de una pileta en Río Ceballos. Estuvo al borde de la muerte, pasó 12 horas en coma y su caso recorrió el país. Veintitrés años después, Gastón Baldo recuerda —a través de otros— el rescate que lo marcó para siempre y rinde homenaje al guardavidas que murió dos años más tarde.

El 6 de enero de 2003, Gastón Baldo tenía 11 años y estrenaba un traje de baño que le habían regalado esa misma mañana por el Día de Reyes. En el complejo Arco Iris, en la localidad cordobesa de Río Ceballos, jugaba con su mejor amigo, Tomás Santiago, a tirarse desde el trampolín hacia la parte más honda de la pileta, a casi tres metros de profundidad. Tocaban el fondo y volvían a la superficie. Hasta que, en uno de esos saltos, solo uno de los dos volvió a salir.

Los gritos desesperados de Tomás alertaron al guardavidas de turno, Salvador Cristian Cataldi, de 25 años. Cuando se zambulló, encontró a Gastón inconsciente, con la pierna izquierda atrapada en el hueco del filtro, que seguía funcionando y lo succionaba. Intentó sacarlo sin éxito. Le insufló aire, subió a la superficie a pedir ayuda y volvió a sumergirse. Recién cuando logró apagar el sistema de filtrado pudo liberarlo.

Gastón había permanecido entre cinco y diez minutos bajo el agua.

Un rescate que conmovió al país

El caso recorrió noticieros y diarios de todo el país. En plena recuperación, el niño recibió un llamado del entonces presidente Eduardo Duhalde y fue invitado al programa Misterios y milagros, conducido por Víctor Sueiro. Pasó 12 horas en coma inducido, permaneció cinco días internado y, contra todo pronóstico, no sufrió secuelas físicas.

Hoy, 23 años después, Gastón tiene 34 años, es ingeniero químico y vive en Pilar, provincia de Buenos Aires. No recuerda el momento del accidente. “Perdí la memoria. Un neurólogo me explicó que es un mecanismo de defensa del cuerpo frente a un estrés extremo”, cuenta. Todo lo que sabe de ese día se lo relataron su familia, su amigo y el propio guardavidas que le salvó la vida.

“Si hoy estoy acá, es gracias a él”, dice sin dudar.

“Si no apagábamos el filtro, se moría”

Cataldi relató años después que, al ver que no lograban liberar al chico entre varios adultos, comprendió que la única posibilidad era apagar el sistema. Saltó una reja, bajó una escalera y detuvo la máquina. Luego volvió a sumergirse. Con el cuerpo de Gastón ya hinchado por la succión, se apoyó con las piernas contra la pared de la pileta y tiró “con toda el alma”. Recién entonces, el filtro lo soltó.

En la superficie, le practicó maniobras de reanimación cardiopulmonar hasta la llegada del servicio de emergencias.

Un vínculo breve y profundo

Después del rescate, Cristian visitó a Gastón en el hospital y también en su casa. “Fue una relación corta, pero muy intensa. Era un tipo increíble, muy creyente”, recuerda. Le regaló un cuadro con una dedicatoria en la que se incluía como su ángel de la guarda. “Me gustaría que esta nota sea un homenaje a él, a lo que hizo y a la persona hermosa que fue”.

Dos años después, a fines de 2005, Cataldi murió a causa de un cáncer fulminante. Tenía 27 años. En Río Ceballos, un playón deportivo hoy lleva su nombre.

Sin juicio y sin miedo al agua

La familia de Gastón decidió no iniciar acciones judiciales contra el club, pese a las irregularidades del sistema de filtrado, que no contaba con rejilla de seguridad. “Mis padres estaban muy afectados y no quisieron exponerme”, explica.

Tampoco le quedó miedo al agua. “Me encanta la pileta, el mar, los ríos. Creo que ayudó que ese momento tan traumático se haya borrado de mi memoria. Los que más lo sufrieron fueron mis seres queridos”, reflexiona.

Cada enero, cuando se cumple un nuevo aniversario del rescate, la certeza vuelve intacta. “Creo que no era mi momento. Que algo dijo ‘todavía no’. Y por eso siento que tengo que aprovechar la vida”.

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