La guerra en Medio Oriente entró en su décimo día con una señal que los mercados recibieron con alivio inmediato y que los analistas militares leyeron con cautela. El presidente Donald Trump afirmó que el conflicto «está prácticamente terminando» y que las operaciones van «más adelantadas que el cronograma». La respuesta fue instantánea: el barril de petróleo, que había llegado a rozar los USD 120 a primera hora del lunes, cayó un 11% y se estabilizó en torno a los USD 88. Las bolsas del mundo moderaron sus pérdidas.
Pero detrás del optimismo de Trump hay un problema concreto que el Pentágono no logra resolver: el uranio enriquecido de Irán. Fuentes militares estadounidenses confirmaron que existe la posibilidad de que los depósitos de material nuclear iraní hayan sobrevivido a los más de 5.000 bombardeos lanzados desde el 28 de febrero. Si eso es así, todo el objetivo central de la operación —eliminar la capacidad nuclear del régimen— estaría incompleto. EEUU evalúa el despliegue de tropas terrestres para localizar y asegurar ese material.
El Pentágono mostró su poderío
Este martes el Departamento de Defensa difundió un video que muestra la destrucción de un lanzamisiles iraní de largo alcance que permanecía oculto en un bunker subterráneo. La difusión es parte de una estrategia comunicacional deliberada: mostrar dominio tecnológico y precisión quirúrgica en un momento en que la duración del conflicto empieza a generar presión interna en Estados Unidos, donde siete soldados ya murieron en combate.
El sargento Benjamin Pennington, 26 años, de Kentucky, fue el último en ser repatriado. El vicepresidente JD Vance y el secretario de Defensa Pete Hegseth asistieron a la ceremonia en la base de Dover.
Irán respondió con un nuevo jefe y nuevos misiles
Lejos de colapsar, Irán designó a Mojtaba Jamenei —hijo del ayatolá Alí Jamenei, asesinado el primer día de la guerra— como nuevo líder supremo de la República Islámica. La Guardia Revolucionaria le juró lealtad públicamente y lanzó su primera operación bajo el nuevo mando: ataques contra cinco bases militares estadounidenses en la región y dos instalaciones israelíes.
Trump respondió con dureza: dijo que Mojtaba «no durará mucho» si no obtiene la aprobación de Washington. Israel, por su parte, había advertido previamente que atacaría a quien fuera designado como sucesor.
La situación en los países del entorno sigue siendo crítica. Un misil iraní fue interceptado sobre territorio turco por la OTAN, con fragmentos que cayeron en la ciudad de Gaziantep. En Abu Dabi, la refinería Ruwais —una de las cuatro más grandes del mundo— ardió tras un ataque con drones. EEUU evacuó su consulado en Adana, Turquía.
La diplomacia paralela: Putin como mediador
Mientras los bombardeos continuaban, Trump y Putin mantuvieron una conversación telefónica de una hora centrada en la guerra. Rusia se ofreció formalmente como mediador. El Kremlin calificó el diálogo de «franco y constructivo». Es la primera vez desde el inicio del conflicto que una potencia nuclear no involucrada directamente en la guerra ofrece un canal de salida diplomática.
El Papa León XIV también sumó su voz: pidió el cese inmediato de los bombardeos y advirtió sobre el riesgo de que el conflicto se extienda a toda la región. Las Naciones Unidas, por su parte, alertaron que la guerra «podría salirse de control».
El impacto económico global
El petróleo sigue siendo el termómetro del conflicto. Cada declaración de Trump lo mueve varios puntos en minutos. La suba acumulada desde el 28 de febrero supera el 40%, aunque la jornada de hoy mostró la primera baja significativa. El G7 sigue evaluando la liberación conjunta de reservas estratégicas —entre 300 y 400 millones de barriles— para estabilizar el precio.
Para Argentina, el escenario tiene doble lectura: presión inflacionaria por el precio de los combustibles, pero también una mejora en los términos de intercambio por la suba de los commodities agrícolas que el país exporta.