La causa que investiga a Konstantin Rudnev por presunta trata de personas quedará paralizada durante doce meses. Por el mismo período, el principal imputado continuará en prisión preventiva. Los otros 20 acusados recuperaron sus pasaportes. Y la única persona señalada como víctima sigue diciendo que no lo es.
La causa conocida como la secta rusa de Bariloche acaba de recibir una nueva definición procesal. El tribunal de la Justicia Federal de Bariloche decidió, tras una audiencia realizada este miércoles, extender la prisión preventiva de Konstantin Rudnev por un año y, al mismo tiempo, pausar la investigación por el mismo período.
📷 «Konstantin Rudnev, imputado en la causa por presunta trata de personas en Bariloche»

Qué decidió el tribunal
La resolución incluye varias novedades procesales que apuntan en direcciones aparentemente contradictorias. El magistrado que en octubre pasado había secuestrado los pasaportes de los 21 imputados dispuso esta semana la devolución de esos documentos a los otros 20 involucrados en la causa. Al mismo tiempo, modificó el régimen de presentaciones, que pasó de ser semanal a quincenal.
Sin embargo, Rudnev —el único detenido— continúa en prisión preventiva por doce meses más. La causa seguirá bajo investigación en el fuero federal con asiento en General Roca y Bariloche, aunque sin hitos procesales significativos previstos durante ese período.
El expediente: 21 imputados y una víctima que niega serlo
La causa involucra en total 21 imputados y tiene como presunta víctima a Elena Makarova, quien el año pasado declaró en Cámara Gesell y en presentaciones escritas que no es víctima de nada ni de nadie. Esa declaración representa el principal obstáculo para el andamiaje probatorio de la causa, que se enmarca en una investigación por presunta trata de personas.

📷: «Justicia Federal de Bariloche, donde se tramita la causa por la secta rusa»
La defensa cuestiona la prisión preventiva
El abogado defensor de Rudnev, Martín Sarubbi, cuestionó con dureza la resolución. Señaló que la extensión por un período tan prolongado exige fundamentos sólidos y concretos, especialmente en una causa donde su parte advierte la ausencia de pruebas directas que acrediten los hechos imputados.
El letrado también marcó la contradicción implícita en la decisión: si se devuelven los pasaportes y se reduce la frecuencia de las firmas, es porque no existen riesgos procesales concretos que justifiquen restricciones más gravosas. En ese sentido, el objetivo de la defensa es claro: conseguir que Rudnev afronte el proceso en libertad o bajo prisión domiciliaria.
El debate de fondo
El caso de la llamada secta rusa de Bariloche abrió un debate que excede lo estrictamente procesal. Cuando el Estado imputa a alguien por trata de personas y la única persona identificada como víctima declara públicamente que no lo es, la judicialización enfrenta un estándar probatorio muy exigente.
Organizaciones que siguieron el expediente señalaron que la sola existencia de una comunidad cerrada con características religiosas o ideológicas no alcanza para sostener una causa de trata si ninguna de sus integrantes se reconoce como víctima. La Justicia Federal tiene ahora un año para responder esa pregunta con pruebas concretas. Si no lo logra, la causa enfrentará un camino cuesta arriba cuando venza el plazo que acaba de extenderse.
La comunidad sigue en Bariloche. Rudnev sigue preso. Y Makarova sigue diciendo que no necesita que nadie la rescate.