La jefa del bloque libertario en el Senado respaldó los dichos de Milei en la apertura de sesiones y profundizó la crisis con la vicepresidenta. Villarruel respondió por X a la madrugada: «Mi renuncia no se les va a dar». La noche del domingo dejó imágenes elocuentes: el oficialismo no aplaudió su entrada al recinto y empujó a Karina Milei al ingresar al salón.
El domingo a la noche, cuando Victoria Villarruel entró al recinto del Congreso para la apertura de sesiones ordinarias, el bloque libertario guardó silencio. Ningún aplauso, ningún vitor, ningún gesto de reconocimiento hacia la presidenta del Senado y vicepresidenta de la Nación. Segundos después, cuando la locutora anunció la presencia del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, los mismos legisladores aplaudieron con énfasis. El contraste fue tan deliberado que resultó imposible ignorarlo.
Esa imagen resumió el estado de la interna libertaria antes de que comenzara el discurso presidencial. Lo que vino después la profundizó.
La frase de Bullrich y el mapa que dibuja

Patricia Bullrich, jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, habló en LN+ el martes y no dejó margen para la ambigüedad. Sobre Villarruel, dijo: «Me parece que hoy el Gobierno va para un lado, políticamente hablando, que son las políticas liberales de una economía abierta y de un Estado chico, y me parece que Villarruel, por las cosas que hace públicamente, va en otra dirección.» Y remató con una chicana: «Va como para el camino del peronismo. Un peronismo que no sé si la va a aceptar o no, pero va para ese camino.»
La exministra también respaldó sin fisuras los dichos de Milei en la apertura, cuando el Presidente lanzó un dardo en dirección a la fila donde estaba sentada la vice —con un gesto de cabeza que nadie interpretó como casual— y habló de personas que «soñaban con abrazar el sillón de Rivadavia». Bullrich fue directa: «No soy nadie para desmentir lo que dice el Presidente. He hablado con él y me lo mostró, los números de lo que habíamos perdido los argentinos.»
Su objetivo declarado no es la confrontación sino la eficiencia legislativa: «Mi prioridad no es pelearme con Villarruel sino sacar leyes para los 47 y medio millones de argentinos.» Pero el contexto político da otro marco a esa frase: en diciembre de 2025, cuando Bullrich llegó al Senado, comenzó a construir el poder que Villarruel fue perdiendo. Hoy conduce el bloque, maneja los tiempos legislativos y tiene el elogio público del Presidente. La vice, en ese esquema, quedó afuera.
El empujón, el cruce con Petri y el mensaje de madrugada

Los días previos y posteriores a la apertura acumularon episodios que grafican la tensión. Al ingresar al salón, Villarruel le cerró el paso a Karina Milei con el cuerpo, impidiéndole caminar a la par de su hermano. «Le metió el cuerpo a Karina», comentó una fuente parlamentaria. El video circuló durante horas.
El diputado Luis Petri, exministro de Defensa y ex compañero de fórmula de Bullrich en las presidenciales de 2023, la llamó «golpista» por su conducta en el Senado. Villarruel respondió con precisión quirúrgica: «A Petri lo conozco por sus cosplays y por los trencitos de la alegría con el Presidente. Y por el vaciamiento de IOSFA y los sueldos más bajos de todas las fuerzas.»
A la madrugada del martes, Villarruel publicó en X el mensaje que condensó su postura: «Eso quieren. Mi renuncia. Pero no se les va a dar. El 10/12/27 hasta esa fecha ocupo con honestidad mi cargo. Al que no le guste, vota lo que quiere en el próximo turno.»
Desde Casa Rosada desmintieron haber pedido su renuncia. Pero la desmentida llegó acompañada de críticas: «Lo único que queremos es que haga su trabajo. Empujar y defender la agenda del Gobierno en el Senado. Para eso la votaron y no lo hace.» La contradicción entre el desmentido y el reclamo define mejor que cualquier análisis el estado de la relación.
El escenario electoral que lo explica todo
La fractura no es personal sino estratégica. Con las legislativas de octubre de 2025 como referencia —donde LLA sufrió un retroceso importante— y la mirada puesta en las elecciones de medio término de 2027, tanto Villarruel como Bullrich construyen posiciones propias. Los nombres que circulan para una eventual candidatura a presidente dentro del espacio incluyen a Manuel Adorni y a la propia Bullrich. Villarruel, con imagen positiva en algunas encuestas y perfil diferenciado, representa una variable que el Ejecutivo no controla. Y eso, en la lógica del poder del actual gobierno, es suficiente para tratarla como una amenaza.