Tras la media sanción en el Senado, Patricia Bullrich pidió que la Cámara de Diputados apruebe el proyecto tal como fue votado. El Gobierno busca evitar nuevas negociaciones que demoren la sanción definitiva y advierte que cualquier cambio obligará a devolver la iniciativa a la Cámara alta.
La reforma laboral aprobada por el Senado ingresará en las próximas horas a la Cámara de Diputados y el oficialismo ya dejó en claro cuál será su estrategia: evitar modificaciones y acelerar la votación.
La ministra de Seguridad y referente política del espacio gobernante, Patricia Bullrich, fue categórica al fijar posición: “La ley ya está, es esta”, afirmó en referencia al texto que obtuvo media sanción en la Cámara alta.
El mensaje apunta a cerrar filas y evitar que el proyecto vuelva a foja de negociación parlamentaria.
La lógica legislativa detrás de la presión
El procedimiento parlamentario establece que si Diputados introduce cambios en el articulado, el proyecto debe regresar al Senado para su revisión. Ese escenario implicaría extender el debate y reabrir acuerdos que el oficialismo considera ya consolidados.
Por eso, la estrategia es clara: blindar el texto y convertirlo en ley antes del cierre del período extraordinario.
Desde el oficialismo sostienen que la reforma ya atravesó negociaciones con bloques dialoguistas y que el núcleo del proyecto no debería alterarse. Cualquier modificación podría poner en riesgo el equilibrio alcanzado en la Cámara alta.
Qué cambia con la reforma
El proyecto introduce modificaciones estructurales en el régimen laboral argentino. Entre sus ejes principales se destacan:
- Nuevas modalidades de contratación.
- Cambios en el sistema de indemnizaciones.
- Instrumentos alternativos para la resolución de conflictos laborales.
- Incentivos para la formalización del empleo.
El Gobierno sostiene que estas medidas permitirán reducir la litigiosidad, fomentar la inversión y dinamizar el mercado de trabajo.
Reacciones sindicales y oposición
La aprobación en el Senado se dio en un clima de fuerte tensión social, con movilizaciones y protestas en las inmediaciones del Congreso.
Centrales sindicales y sectores opositores advierten que la reforma puede implicar pérdida de derechos laborales y precarización en determinadas actividades.
Desde el oficialismo rechazan esa lectura y afirman que el nuevo esquema busca generar previsibilidad jurídica y promover la creación de empleo formal.
El desafío en Diputados
La Cámara baja será el escenario decisivo. El oficialismo deberá asegurar el número necesario para evitar modificaciones y lograr la sanción definitiva.
El resultado dependerá del acompañamiento de bloques aliados y de la disciplina interna del espacio gobernante.
En paralelo, el debate público continúa instalado en la agenda política y económica, con impacto directo en el clima social y empresarial.