El ministro defendió la apertura de importaciones y cuestionó que los argentinos paguen la ropa mucho más cara que en el exterior. El sector respondió con duras críticas.
El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a cargar contra los empresarios textiles y celebró que algunos referentes del sector reconozcan públicamente que los precios de la indumentaria en la Argentina son elevados. Sus declaraciones se dan en el marco de la defensa oficial de la apertura de importaciones de ropa y calzado, una de las medidas más resistidas por la industria nacional.
“Esto en privado te lo reconocen todos los empresarios textiles. Excelente que algunos ya se animen a hacerlo también públicamente”, escribió Caputo en su cuenta de X, en referencia a recientes dichos del presidente de la Confederación General Empresaria (CGERA), Marcelo Fernández.
En diálogo con TN, Fernández había admitido que el sector realizó una autocrítica por los valores que maneja: “Desde 2023 solo pudimos aumentar 11% los precios de la indumentaria. En varias oportunidades hicimos una mea culpa como empresariado nacional de que estábamos caros”. Además, explicó que durante el gobierno anterior los proveedores de materias primas aplicaron fuertes remarcaciones amparadas en medidas de protección a las importaciones, lo que redujo la competencia externa.
No obstante, Fernández advirtió que la industria enfrenta hoy una competencia desleal. “Los aumentos del transporte, el gas y la electricidad también recaen sobre nosotros y no podemos trasladar esos costos al precio final. Con la inflación, perdimos rentabilidad”, sostuvo.
Caputo ya había cuestionado duramente al sector en declaraciones radiales. “El textil es un caso emblemático de un sector que fue protegido durante muchísimos años con el cuento de que hay 150.000 familias que trabajan en esto, pero hay 47 millones de argentinos que tuvieron que pagar textiles y calzado dos, tres, cuatro o hasta diez veces lo que valen en el mundo”, afirmó.
En esa misma línea, calificó al proteccionismo como “una medida zonza que perjudica a los que menos tienen” y aseguró: “Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo. Los que teníamos posibilidad de viajar comprábamos afuera”.
El ministro relativizó el impacto social de la actividad y apuntó contra los beneficios concentrados: “Las 150.000 familias que trabajaban en esto no son millonarias ni impulsaron de manera extraordinaria al país. Los que se beneficiaron fueron los dueños”. También argumentó que la baja de precios permitiría redirigir el consumo hacia otros sectores: “Si pagás cinco dólares una remera en vez de 50, tenés 45 dólares más para gastar en otra cosa”.
Además, sostuvo que la Argentina debería competir a nivel global por diseño y señaló que el país tiene ventajas en el rubro de hilados “porque es algodón y energía”.
Las declaraciones generaron fuerte malestar en la industria de la indumentaria. Desde la Fundación Pro Tejer indicaron que los impuestos explican el 50% del precio de una remera, mientras que un 30% corresponde a alquileres y costos financieros, un 12% a logística, marketing y rentabilidad, y solo el 8% queda en la etapa industrial.
Por su parte, el presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), Claudio Drescher, expresó “desilusión y tristeza” por los dichos del ministro y cuestionó el tono utilizado. “Resulta llamativo que un ministro de Economía se pronuncie con sarcasmo al afirmar que no compra ropa en el país”, señaló en Radio Rivadavia.
Drescher amplió la crítica y sostuvo que el problema de los precios elevados no es exclusivo del sector textil. “No compra ropa ni autos porque acá cuestan el doble; tampoco Big Mac, aceite de oliva, neumáticos ni alimentos, que son más caros que en Europa. No se resuelven los problemas de fondo, se los evita”, afirmó.
Finalmente, rechazó las comparaciones con países asiáticos como Bangladesh y apuntó contra la carga impositiva: “Quiere comparar realidades incomparables y se olvida de todos los impuestos que en dos años no lograron desarmar”.