Quién es Ezequiel Torres, el abogado penalista rosarino que pasó del fútbol a defender a narcos, barras y policías

Interviene en causas vinculadas al crimen organizado, representa a referentes de la barra de Newell’s y a un ex jefe policial. Logró absoluciones y liberaciones en expedientes de alto impacto y hoy también asesora a futbolistas profesionales. Proviene de una familia de abogados con tradición en causas resonantes en todo el país.


“Del ascenso a los expedientes más pesados de Rosario”. No es una frase hecha: es la síntesis del recorrido de Ezequiel Torres, un abogado penalista que construyó su nombre en el corazón de una de las ciudades más calientes del país en materia de narcotráfico y violencia.

Pero su historia no empieza con él. Torres es cuarta generación de una familia de abogados que participaron en causas de relevancia a nivel nacional, una tradición jurídica que marcó su formación y su desembarco temprano en expedientes de alta complejidad.

Con un perfil técnico, pero también mediático en determinados casos, intervino en investigaciones donde se cruzan barras bravas, sicarios, organizaciones narco y estructuras policiales bajo sospecha. Y, como ocurre con los penalistas más controvertidos, su cartera de clientes incluye nombres pesados del mapa criminal rosarino.


Pero, ¿quién es en realidad este abogado que se mueve en los expedientes más sensibles?

Actualmente, Torres ejerce la defensa de figuras relevantes dentro de la barra brava de Newell’s Old Boys. Entre ellos, Diego Ochoa, considerado uno de los referentes históricos, y Juan José Gómez, ubicado en la segunda línea de conducción. Este último fue detenido en una causa que inicialmente apuntaba a un entramado policial en un presunto autoatentado, aunque esa hipótesis se desdibujó con el avance de la investigación.

No son los únicos nombres de peso. También representa a José Luis País, ex jefe de la Policía de Santa Fe, procesado en una causa que acumula al menos 17 hechos investigados, en uno de los expedientes más delicados a nivel institucional.


Su nombre también aparece ligado a una de las estructuras más violentas del país: la organización de Esteban Lindor Alvarado.

En ese contexto, intervino en la defensa de Mauricio Laferrara, sindicado como jefe de sicarios, protagonista de una fuga que sacudió al sistema penitenciario tras escapar de la cárcel de Marcos Paz oculto en un contenedor de residuos.

Durante años, además, fue abogado de Julio Rodríguez Granthon, señalado por la Justicia como uno de los principales proveedores de droga para las organizaciones de Los Monos y el propio Alvarado, dos de los núcleos centrales del narcotráfico en Rosario.


En paralelo a esos casos, Torres también intervino en expedientes con fuerte impacto mediático y resultados judiciales favorables para sus defendidos.

En el juicio por el crimen de Marcos Ponce, acusado de degollar a su pareja, el acusado fue absuelto al ser declarado inimputable. En la causa por el homicidio del taxista Mario Esuay, uno de los hechos más conmocionantes de Rosario, su defendido recuperó la libertad antes de la audiencia imputativa y terminó desvinculado.

También logró la liberación del árbitro Martín Bustos en un plazo de 45 días, en una causa por abusos contra juveniles, y obtuvo resultados favorables en el escándalo de Generación Zoe, donde sus representados accedieron a salidas alternativas que derivaron en su libertad.


Otro de los casos donde intervino fue el de Rubén Correa, acusado de homicidio en un contexto vinculado al narcotráfico en San Lorenzo. Tras su participación, el expediente se debilitó luego de que el principal testigo modificara su declaración, lo que derivó en el archivo de la causa.

También actuó en la causa contra Blando, en la Empresa Provincial de la Energía (EPE), por presunto desvío de electricidad, donde su defendido recuperó la libertad a los pocos días y el caso perdió impulso con el tiempo.


Defendió además al boxeador profesional Hugo Quiroz, quien había peleado por títulos internacionales, acusado de homicidio en Villa Gobernador Gálvez. En poco más de un mes, logró su liberación y desvinculación del expediente.

Y como querellante, intervino en el homicidio de Pablo Silva, en plena escalada de violencia narco en Rosario. El caso alcanzó repercusión nacional y derivó en la entrega del autor, quien fue condenado mediante un juicio abreviado.


En 2026, su nombre volvió a aparecer en una causa con alto voltaje político y judicial. Representó a Natalia Boursinet en un expediente por tentativa de homicidio contra el empresario Walter Deolino Font. El caso terminó con una condena de 12 años de prisión, una de las más altas en la provincia en un contexto de violencia de género.


Actualmente, Torres impulsa la querella en el homicidio de María del Carmen Vidal, un caso de sicariato ejecutado por tres atacantes vinculados a bandas criminales. El abogado ya adelantó que pedirá prisión perpetua para los imputados en el juicio que se realizará en los próximos días.


Pero su historia no empezó en tribunales.

Antes de convertirse en abogado penalista, Torres fue futbolista. Pasó por inferiores de Instituto de Córdoba, jugó en Tiro Federal en el Argentino A y también en Argentino de Rosario, en la Primera D.

Hoy, ese vínculo sigue vigente desde otro lugar: es abogado de futbolistas profesionales, entre ellos Lautaro Giacone, campeón con Rosario Central y actualmente en Argentinos Juniors, seguido por clubes europeos.


Entre la herencia de una familia de juristas, los expedientes judiciales más complejos y el mundo del fútbol, Ezequiel Torres construyó un perfil que lo ubica en un terreno donde conviven la ley, el poder y el delito.

Un lugar incómodo, pero central, en la Argentina actual.

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