La fuerte baja en el consumo de vino en Argentina encendió una señal de alerta en el sector vitivinícola. Así lo expresó Mario González, titular de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), quien advirtió que el consumo per cápita pasó de 90 litros en las décadas del ’70 y ’80 a apenas 15,7 litros en la actualidad.
“En la década del 70, 80, se tomaban 90 litros per cápita en Argentina. Hoy estamos en 15,7”, señaló González en diálogo con Infobae en Vivo al Amanecer.
Una tendencia que lleva más de quince años
El directivo aclaró que no se trata de un fenómeno reciente, sino de una tendencia sostenida durante más de quince años. Si bien la caída se profundizó en el último año, el descenso responde tanto a la coyuntura económica como a cambios estructurales en los hábitos de consumo.
“Son cambios que no solo se producen en Argentina, sino en el mundo”, explicó. En ese marco, destacó que el vino enfrenta una transformación cultural que impacta especialmente en las nuevas generaciones.
El peso del mercado interno
A pesar del retroceso, González subrayó que el mercado interno continúa siendo clave para la actividad. Según detalló, el 75% de la producción se destina al consumo local, mientras que el 25% se exporta.
“El consumo de 16 litros sigue siendo importante para los argentinos y para la vitivinicultura”, sostuvo. Además, remarcó que Argentina mantiene una posición relevante a nivel global: se ubica entre los principales productores mundiales, dentro del top ten en exportaciones y entre los siete mayores productores y consumidores de vino.
Precios bajos y márgenes ajustados
En relación con el contexto económico, el presidente de COVIAR explicó que la industria realizó un esfuerzo para sostener su presencia en el mercado interno mediante precios contenidos, aunque con márgenes reducidos e incluso negativos en algunos casos.
“El vino cayó dos o tres por ciento el año pasado, que si bien es malo porque es una caída, comparativamente no deja de ser un buen dato frente a otros consumos masivos”, indicó. Sin embargo, advirtió que esta estrategia es sostenible solo en el corto plazo y podría generar complicaciones a mediano y largo plazo.
Cambios en los hábitos y competencia de otras bebidas
González también analizó el impacto de las transformaciones en el estilo de vida y la competencia de otras bebidas. Recordó que décadas atrás era habitual encontrar vino en la mesa diaria de los argentinos, algo que hoy cambió debido a nuevas dinámicas laborales y de consumo.
“Aguas saborizadas, gaseosas y otras bebidas fueron ganando terreno”, señaló. En el ámbito de celebraciones y reuniones sociales, destacó el crecimiento de la cerveza como protagonista.
Asimismo, mencionó el surgimiento de nuevas propuestas dirigidas a públicos jóvenes y la adaptación del sector a formatos más flexibles de consumo. “La industria se acerca mucho más a formas de tomarlo más fáciles: mezclarlo, agregarle soda, tomarlo con hielo”, explicó.
Economía y poder adquisitivo
El dirigente vinculó directamente la evolución del consumo con la situación económica general. “Es urgente que la economía se estabilice y que se recupere el poder adquisitivo, porque es lineal con el vino”, afirmó.
En contextos de recesión, sostuvo, el vino suele resentirse debido a que las familias priorizan productos básicos por sobre aquellos asociados al disfrute. Además, señaló que la disminución del consumo de bebidas alcohólicas es una tendencia que también se observa a nivel global.
De cara al futuro, González enfatizó la necesidad de contar con condiciones financieras adecuadas que permitan al sector adaptarse con mayor rapidez a los cambios en la demanda y sostener su competitividad en un escenario cada vez más desafiante.