Un informe de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) reveló que aproximadamente 50 kioscos cierran sus puertas cada día en Argentina, una cifra que encendió las alarmas en el sector y que pone en riesgo la supervivencia de uno de los rubros comerciales más tradicionales del país.
El relevamiento, que se confeccionó con datos de locales comerciales de todo el territorio nacional, indica que la pérdida de poder adquisitivo, el derrumbe del consumo de bienes no esenciales y el aumento de costos operativos —como alquileres, servicios y tasas impositivas— han reducido los márgenes de rentabilidad al mínimo para los pequeños comerciantes.
El impacto de una crisis en el bolsillo

Durante muchos años, los kioscos de barrio funcionaron como un termómetro del consumo popular: lugares donde los vecinos compraban desde golosinas y cigarrillos hasta artículos de limpieza y bebidas frías a cualquier hora del día. Sin embargo, la actual recesión económica se traduce en una caída sostenida de la demanda: la gente reduce compras no esenciales cuando ajusta su presupuesto.
Según el vicepresidente de UKRA, Ernesto Acuña, la situación del sector es crítica. “Desde que Milei es presidente cerró un tercio de los kioscos”, afirmó al referirse al contexto económico del país en los últimos años. “Tenemos una inflación que nunca es la que mide el INDEC. En un mes aumentan los cigarrillos un 12% y el INDEC dice 1,5%. Si aumentamos, no vendemos; y si sostenemos los precios, nos fundimos. Estamos en una cornisa”.
El fenómeno de cierres diarios se aceleró con la caída continua del consumo, lo que obliga a muchos titulares de kioscos a bajar sus persianas de forma definitiva o a buscar otras fuentes de ingreso que les permitan sostener a sus familias.
Factores estructurales y presión de costos
El informe de UKRA subraya que, además de la retracción del consumo, factores como el incremento de los costos fijos son determinantes en la decisión de cerrar. El alquiler de locales comerciales ha aumentado en términos reales, sumado a las tarifas de servicios básicos y la presión impositiva, lo que achica aún más los márgenes de ganancia.
En este contexto, muchos comerciantes viven una contradicción estructural: si trasladan los incrementos de precios a sus clientes, estos reducen aún más sus compras; si no lo hacen, el negocio deja de ser rentable. Este equilibrio imposible ha llevado a que la actividad de los kioscos pase de ser un negocio tradicionalmente viable a una lucha constante por la subsistencia.
El kiosco como termómetro socioeconómico
Históricamente, los kioscos han sido considerados un indicador sensible del estado del bolsillo popular: cuando la economía está deprimida, son de los primeros comercios en sentir la caída de ventas. La retracción del consumo masivo se ha reflejado también en otros sectores, como supermercados y puntos de venta minorista, donde en distintos períodos se registraron bajas sostenidas en las ventas.
Además, el avance de grandes cadenas comerciales y franquicias con precios competitivos y mayor capacidad de negociación con proveedores también ha contribuido a la competencia y debilitamiento de los kioscos tradicionales, que no cuentan con los mismos recursos financieros ni economías de escala.
Repercusiones territoriales y sociales
El cierre acelerado de kioscos tiene un impacto que va más allá del simple dato económico. En numerosas localidades del interior y zonas urbanas del país, los kioscos eran puntos de encuentro comunitario y generación de empleo informal o independiente. Su desaparición implica menos puestos de trabajo y menos actividad comercial en barrios donde estos comercios eran un componente esencial del tejido social.
Además, la caída constante de ventas y cierres de kioscos corrige otras tendencias sociales: en barrios populares, los comerciantes de kioscos atraían clientes con ofertas en productos básicos, lo que facilitaba el acceso a bienes cotidianos. Ahora, con menos puntos de venta, esa cercanía desaparece, afectando especialmente a personas con movilidad reducida o ingresos limitados.
Escenario económico y perspectivas
Los datos de cierre de kioscos se suman a otros indicadores recientes que marcan un panorama económico desafiante para Argentina. Encuestas de actividad y medidas de consumo general han mostrado una debilidad sostenida en la demanda interna, influida por la inflación, la caída de salarios reales y la falta de impulso en sectores clave de la producción y servicios.
Si bien algunos economistas señalan que ciertos segmentos pueden experimentar leves mejoras en la actividad general, la situación de los pequeños comercios sigue siendo preocupante y sugiere la necesidad de políticas focalizadas para estimular el consumo y aliviar la presión de costos.
Hasta ahora, desde las entidades que nuclean a los kiosqueros no se ha formulado una propuesta concreta de políticas públicas, pero la tendencia al cierre de locales y la advertencia de que el sector estaría “en peligro de extinción” podría ser un llamado de atención para los decisores económicos.