La decisión fue tomada este mediodía por el Consejo Directivo cegetista. No prosperaron las propuestas de convocar a paros generales de 12 y 48 horas. Cómo siguen las negociaciones sindicales para modificar el proyecto oficial.
La Confederación General del Trabajo (CGT) volverá a movilizarse contra la reforma laboral impulsada por el Gobierno. El próximo miércoles, desde el mediodía, concentrará frente al Congreso de la Nación, en coincidencia con el inicio del debate del proyecto en el Senado.
La decisión fue adoptada este mediodía por el Consejo Directivo de la central obrera, reunido en la sede de Azopardo 802. Si bien la conducción resolvió avanzar con una movilización sin paro general, el encuentro dejó al descubierto las diferencias internas sobre la estrategia a seguir frente a la iniciativa oficial.
Durante la reunión, el triunvirato que conduce la CGT propuso una protesta sin interrupción total de actividades. Sin embargo, surgieron posiciones más duras: los sindicatos del transporte nucleados en la CATT impulsaron un paro de 12 horas para facilitar la participación de los trabajadores, mientras que Sebastián Maturano (La Fraternidad) planteó directamente un paro general de 48 horas.
En la misma línea, Sergio Palazzo (bancarios) reclamó que la CGT avale un cese de actividades para garantizar una mayor concurrencia y que la movilización del miércoles sea presentada como el inicio de un plan de lucha en escalada. Ninguna de estas mociones logró el consenso necesario.
Finalmente, se resolvió que cada sindicato quedará facultado para disponer medidas de fuerza parciales que permitan a sus afiliados asistir a la movilización.
Debate interno y estrategia dialoguista
Del encuentro participaron los cotitulares de la CGT Octavio Argüello, Jorge Sola y Cristian Jerónimo, además de referentes clave como Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (UOCRA), Héctor Daer (Sanidad), Juan Carlos Schmid, Sergio Romero, José Luis Lingeri, Horacio Calculli y el propio Palazzo, entre otros.
Las propuestas de avanzar con paros generales no prosperaron en un contexto donde predomina el sector dialoguista de la CGT, que continúa negociando con el Gobierno y con distintos bloques políticos para introducir cambios en el articulado de la reforma laboral.
En el debate interno también hubo fuertes críticas al Gobierno nacional y a los gobernadores, quienes —con contadas excepciones dentro del PJ— evitaron reunirse con los sindicalistas en sus provincias y aparecen alineados con la Casa Rosada para votar el proyecto.
Negociaciones contrarreloj
Más allá del malestar, en la conducción cegetista dan casi por descontada la sanción de la reforma laboral. Por ese motivo, los esfuerzos se concentran ahora en lograr modificaciones puntuales durante el tratamiento en el recinto, especialmente en aquellos artículos que afectan el financiamiento sindical.
Según trascendió, el Gobierno estaría dispuesto a concederle a la CGT dos reclamos clave: mantener las cuotas solidarias que perciben los sindicatos y eliminar el artículo 161, que reduce del 6% al 5% la contribución patronal destinada a las obras sociales sindicales. De acuerdo con estimaciones oficiales, esa rebaja implicaría una pérdida de entre 679 y 700 millones de dólares anuales, cerca del 0,1% del PBI.
En cambio, permanecerían intactos los puntos más resistidos por la central obrera: la reglamentación del derecho de huelga en servicios esenciales, la prioridad de los convenios por empresa, la limitación de la ultraactividad y las restricciones a las asambleas gremiales.
Mientras el Senado se prepara para debatir el proyecto, la CGT buscará mostrar poder de movilización en la calle, aun con diferencias internas y con la certeza de que la discusión de fondo se definirá en el recinto.