La defensa de Rudvev hace un llamado urgente a proteger su vida

El imperativo humanitario: cuando la Justicia ignora el riesgo de muerte. Crece la presión para otrorgarle la domiciliaria a Rudnev.

La situación de Konstantin Rudnev, detenido en la Unidad Penitenciaria N.º 6 de Rawson, trascendió el ámbito legal para convertirse en una crisis humanitaria. Los informes médicos son unánimes y contundentes: su vida corre un riesgo inminente, y su permanencia en prisión es una sentencia de muerte lenta.

La defensa ha solicitado la prisión domiciliaria, una medida que no solo es legalmente viable, sino moralmente obligatoria, buscando sensibilizar a una fiscalía que, hasta ahora, ha priorizado el formalismo por encima de la vida humana.

Desde su detención en marzo de 2025, Rudnev, de 58 años, ha sufrido un deterioro catastrófico: ha perdido más de 30 kilogramos y padece una fibrosis pulmonar avanzada, hipertensión descontrolada y episodios de asfixia nocturna y pérdida de conocimiento [1] [2].

Los prestigiosos médicos Luis Ernesto Sarotto y Mariano Duarte, del Hospital de Clínicas de la UBA, han sido categóricos: el penal de Rawson carece de los medios diagnósticos y terapéuticos esenciales para tratar un cuadro de esta complejidad, como monitoreo constante de oxígeno y asistencia ventilatoria.

El juez Gustavo Zapata reconoció la urgencia y concedió el arresto domiciliario el 21 de enero, señalando que las condiciones de encierro impedían una atención adecuada [1]. Sin embargo, la Fiscalía, integrada por Oscar Fernando Arrigo, Tomás Labal, Gustavo Revora y Rodrigo Treviranus, apeló de inmediato, una postura que, a la luz de las pruebas médicas, resulta incomprensible y cruel.

La verdad sobre la “negativa” a la atención médica

Uno de los argumentos más preocupantes de la Fiscalía es la supuesta negativa de Rudnev a recibir tratamiento. Esta afirmación es una distorsión de la realidad. En la cárcel, a Rudnev se le entregan formularios preimpresos en español que, sin que él comprenda, indican que «rechaza el tratamiento». La verdad es que Rudnev, a diario, escribe de su puño y letra y en ruso en esos mismos documentos: «Solicito medicamentos, medicación y atención médica».

Esta manipulación administrativa, sumada a la barrera idiomática y el uso deficiente de traductores (Google Translate), deslegitima por completo el argumento fiscal. Rudnev no solo no se niega, sino que ruega por la atención que le es negada.

La defensa insiste en que, dada la gravedad de su estado, Rudnev debe asistir a la menor cantidad posible de audiencias, priorizando su tratamiento y supervivencia. Este no es un pedido de impunidad, sino un ruego por la vida. Es hora de que la Fiscalía mire más allá del expediente y reconozca el rostro humano del sufrimiento. La vida de Konstantin Rudnev está en sus manos.

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