El portavoz de Comercio de la Comisión Europea, Olof Gill, reclamó a Washington que respete el acuerdo comercial firmado el verano pasado con Ursula von der Leyen. La disputa escaló después de que España negara el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones militares contra Irán. Trump calificó a España de «socio terrible» de la OTAN y amenazó con cortar todo vínculo comercial.
La tensión entre Washington y Madrid escaló hasta Bruselas. La Comisión Europea salió en defensa de España este miércoles tras las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de romper las relaciones comerciales con el país ibérico por su negativa a ceder las bases militares de Rota y Morón de la Frontera —ambas en Andalucía— para operaciones militares contra Irán.
El portavoz de Comercio del Ejecutivo comunitario, Olof Gill, fue claro en su mensaje: «La Comisión siempre garantizará la plena protección de los intereses de la Unión Europea.» Y añadió que Bruselas «espera que Estados Unidos cumpla sus compromisos en virtud de la Declaración Conjunta», en referencia al acuerdo comercial firmado el verano pasado entre Trump y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, que estableció un techo del 15% para los aranceles estadounidenses sobre productos europeos a cambio de que la UE desistiera de represalias. La postura de Bruselas, subrayó Gill, «no ha cambiado.»
Lo que dijo Trump y lo que respondió España

El detonante fue una declaración de Trump desde el Despacho Oval, en presencia del canciller alemán Friedrich Merz. El mandatario republicano arremetió contra el gobierno de Pedro Sánchez por dos motivos simultáneos: la negativa a ceder las bases militares y el incumplimiento de la cuota de gasto en defensa de la OTAN. «España es el único aliado de la OTAN que no acordó llegar al 5% en gasto militar y de hecho no paga ni siquiera el 2%», dijo Trump. Y sentenció: «Vamos a cortar todo el comercio.»
El gobierno español respondió con firmeza. En una declaración institucional, Sánchez resumió la postura en dos palabras: «No a la guerra.» Argumentó que España no será cómplice de algo «malo para el mundo» por miedo a represalias, y recordó la lección de la guerra de Irak de 2003. Fuentes gubernamentales también aclararon que España es «un socio comercial fiable para 195 países del mundo, entre ellos EE.UU.», y que cualquier revisión de la relación bilateral debe negociarse a través de la Comisión Europea, no en forma unilateral.
El escudo europeo: nadie negocia solo
Esa es exactamente la clave institucional del conflicto. La vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, lo explicó sin rodeos: «Las negociaciones comerciales corresponden a la Comisión Europea y no es posible hacer una fragmentación y una división de los Estados miembros.» En otras palabras, Trump no puede castigar a España en forma bilateral: cualquier represalia comercial impacta a los 27 y activa la respuesta del bloque en conjunto.
Ribera comparó además la amenaza contra España con las declaraciones de Trump sobre Groenlandia, y pidió que Europa «se mantenga firme». Josep Borrell, ex alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, respaldó la posición española: «Es el reconocimiento de los principios y valores sobre los que se ha construido la UE y la soberanía nacional.»
El canciller alemán Merz, por su parte, dejó en claro el límite de la solidaridad europea desde el propio Despacho Oval donde Trump lanzó la amenaza: «España es parte de la Unión Europea. Si llegamos a un acuerdo con EE.UU., ahí pertenece también España.» No fue un respaldo político entusiasta, pero fue un recordatorio jurídico que Trump eligió ignorar.
El uso de las bases y el derecho internacional
Las bases de Rota y Morón son instalaciones conjuntas hispano-estadounidenses, reguladas por un convenio bilateral de defensa dentro del marco de la OTAN. Su uso para operaciones militares ofensivas, fuera del ámbito defensivo de la Alianza, requiere autorización expresa del gobierno español. Sánchez no la dio. Trump dijo que de todas formas podría sobrevolarlas y usarlas, añadiendo que «nadie le va a decir que no.» La afirmación fue rechazada por Bruselas, que exigió «respeto para el derecho internacional.»
El conflicto abre un frente delicado para Argentina: si la guerra comercial entre EE.UU. y Europa se profundiza, los efectos en los mercados globales, el precio de las commodities y el tipo de cambio podrían llegar al país en semanas. Un capítulo más de una tensión transatlántica que, por ahora, tiene a España en el epicentro.