La visita de Lionel Messi a la Casa Blanca este jueves —invitado por Donald Trump junto al plantel del Inter Miami tras consagrarse campeón de la MLS 2025— disparó en el presidente Javier Milei un gesto que combina orgullo nacional, coherencia ideológica y una cuota de reivindicación personal que le resulta irresistible. El Presidente publicó en sus redes sociales un video de 2018 en el que, cuando todavía era un economista que aparecía en televisión a hablar de estadísticas y libros, salía a defender con datos en la mano al capitán de la Selección en el peor momento de su carrera pública: cuando Argentina no ganaba nada, cuando medio país lo quería mandar de vuelta a Barcelona, y cuando el debate en los medios se había convertido en un circo de opiniones sin sustento.

«Esto era lo que yo decía sobre Messi en 2018, mientras el periodismo lo estropeaba y algunos imprudentes le decían que tenía miedo a ganar. Primero los datos… Fin», escribió Milei al publicar el fragmento. La frase es un manual del estilo presidencial: reivindicación propia, golpe a los medios, apelación a la evidencia empírica y punto final sin vuelta atrás.
En el video, el entonces economista mediático no opinaba ni especulaba. Tiraba números en la cara de los críticos con la precisión de alguien que se preparó para dar ese debate. Como juvenil, Messi había jugado 306 partidos y marcado 355 goles. Como profesional, 815 encuentros y 650 tantos. Total acumulado: 1.121 partidos y 1.005 goles. «Los números de Messi son impresionantes. No hay jugador en la historia de la humanidad que haya hecho lo que hizo Messi», sostenía el Milei de 2018 con una convicción que no dejaba margen para la réplica. Y para los que insistían con el argumento del Mundial que nunca llegaba, tenía guardada una comparación que resultaba demoledora: «Con ese criterio, el Mago Garré levantó la copa y usted me va a decir que fue mejor que Cruyff, Platini o Rummenigge.»
En una segunda publicación que acompañó a la primera, Milei compartió otro fragmento televisivo en el que profundizaba el análisis. Mencionaba un trabajo estadístico que evaluaba a Messi en categorías como producción de goles, eficacia, tantos sin asistencia, remates desde fuera del área, asistencias y participación defensiva. El estudio, según relataba, concluía que el rosarino lideraba todas y cada una de esas categorías. «Es el único jugador en la historia que es el mejor en todas las categorías», afirmaba. Y luego conectaba las críticas al futbolista con algo más profundo que el fútbol: «En este país, a un exitoso como Messi se lo cuestiona. Ese es el síndrome por el cual este país se hunde: se castiga al exitoso.» Una frase que Milei, sin cambiar una coma, podría aplicarse a sí mismo.
El detonante de ambas publicaciones fue la visita del Inter Miami a la Casa Blanca. Trump recibió al equipo de David Beckham —quien no estuvo presente por encontrarse en Europa en el desfile de moda de su esposa Victoria— con los honores que la administración estadounidense dedica cada año a los equipos campeones en distintas disciplinas. La bienvenida que le dio a Messi quedó para la historia del deporte argentino: «Es un gran privilegio para mí decir lo que ningún presidente estadounidense ha tenido la oportunidad de decir antes: bienvenido a la Casa Blanca, Lionel Messi.» Trump recibió una pelota firmada por el capitán y una camiseta rosa del Inter Miami con el dorsal 47, el número que lo identifica como 47° presidente de los Estados Unidos.
La secuencia tiene una lógica política que Milei maneja con comodidad. El mismo hombre que en 2018 defendía a Messi con estadísticas cuando la tribuna lo abucheaba, hoy lidera el país que produce al mejor jugador de la historia. El mismo que advertía sobre el síndrome argentino de castigar al exitoso, hoy recibe noticias de que ese exitoso fue recibido con honores en la casa del presidente más poderoso del mundo. Para Milei, el video no es solo un recuerdo. Es una prueba más de que «primero los datos» no es solo una frase. Es un método.