Miércoles 29 de julio de 2026
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Crédito caro: por qué bajan las tasas de los depósitos, pero los préstamos siguen sin abaratarse

4 min de lectura

Aunque los bancos pagan cada vez menos por los plazos fijos, las tasas de los préstamos personales y de las tarjetas de crédito continúan por encima del 80% nominal anual. La alta morosidad, el riesgo crediticio, los encajes y la carga impositiva explican por qué el financiamiento sigue siendo costoso.

Mientras las tasas que ofrecen los bancos por los depósitos continúan descendiendo, el costo del crédito para familias y empresas muestra una fuerte resistencia a la baja. La diferencia entre ambas variables se amplió en los últimos meses y mantiene elevados los intereses de préstamos personales, tarjetas de crédito y otras líneas de financiamiento.

Según un informe de la consultora Econométrica, el fenómeno responde a una combinación de factores que exceden el costo de captar depósitos: el aumento de la morosidad, las exigencias regulatorias, el riesgo de crédito y la presión tributaria continúan encareciendo los préstamos.

El crédito creció, pero perdió impulso

Durante la gestión de Javier Milei, el crédito al sector privado duplicó su peso en la economía, al pasar de representar el 6% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2023 al 12,6% en el primer trimestre de 2026.

El cambio estuvo impulsado por la menor necesidad de financiamiento del Estado, lo que permitió a los bancos destinar una mayor parte de sus recursos a empresas y familias.

Sin embargo, esa expansión comenzó a desacelerarse desde mediados de 2025 y el financiamiento a los hogares todavía no logra recuperar dinamismo.

La mora, uno de los principales obstáculos

Uno de los factores que más condiciona la baja de tasas es el deterioro en la capacidad de pago de los deudores.

De acuerdo con datos del Banco Central, la morosidad de las familias alcanzó el 12,8% en mayo, el nivel más alto en más de dos décadas.

Los créditos personales presentan una irregularidad del 15,9%, mientras que en las tarjetas de crédito asciende al 13,1%. En cambio, los préstamos hipotecarios mantienen una mora considerablemente menor, del 1,6%.

Este escenario obliga a las entidades financieras a incorporar un mayor costo por riesgo en las tasas que cobran.

Por qué los préstamos no bajan al ritmo de los plazos fijos

Mientras la tasa de los plazos fijos ya perforó el 20% nominal anual, los préstamos personales y el financiamiento con tarjeta continúan ubicándose por encima del 80%.

La explicación, según Econométrica, es que el costo de captar depósitos representa solo una parte del precio final del crédito.

A ese costo se suman los encajes obligatorios que deben inmovilizar los bancos, el riesgo de incobrabilidad, la rentabilidad exigida por el capital, los costos operativos y la carga tributaria.

Solo los impuestos —como Ingresos Brutos, IVA y Sellos— agregan más de 40 puntos porcentuales al costo financiero efectivo de un préstamo personal.

Las tarjetas siguen siendo el financiamiento más caro

En el caso de las tarjetas de crédito, las tasas continúan entre las más elevadas del sistema.

Además del costo financiero, los bancos incorporan un margen adicional destinado a desalentar el pago mínimo y compensar el mayor riesgo que representan los clientes que financian parte del resumen.

Por ese motivo, la tasa observada para este tipo de financiamiento ronda actualmente el 87,5% nominal anual.

¿Qué debería pasar para que bajen las tasas?

El informe sostiene que una reducción sostenida de la morosidad sería uno de los factores con mayor impacto sobre el costo del crédito.

Si el nivel de incumplimiento regresara a valores cercanos al 5,5%, las tasas podrían reducirse en alrededor de 12 puntos porcentuales.

A eso podrían sumarse otros factores, como una menor volatilidad cambiaria, una reducción de los encajes bancarios y una baja de la presión impositiva sobre los préstamos.

Para los especialistas, esas condiciones permitirían abaratar el financiamiento, mejorar el acceso al crédito y estimular tanto el consumo como la inversión, dos variables que todavía muestran una recuperación más lenta que la esperada.

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