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La calificadora internacional Moody’s resolvió conservar la nota de la deuda soberana de Francia en el escalón Aa3, aunque mantuvo su perspectiva en terreno negativo debido a la persistente vulnerabilidad de sus cuentas públicas y al complejo panorama político.
Esta ratificación supuso un alivio para la administración gala frente a las previsiones de los mercados financieros, que anticipaban una degradación inminente orientada a equiparar la posición francesa con el nivel A+ otorgado por Fitch y S&P.
Un respiro condicionado a la disciplina presupuestaria
La agencia evaluadora justificó su veredicto bajo el supuesto de que el país impulsará un plan presupuestario para 2027 enfocado en contener el desbalance fiscal, en un entorno de moderación en los costos de financiamiento y distensión social.
«El Gobierno tiene como objetivo aprobar el presupuesto para 2027 antes de finales de este año, con el fin de reducir el déficit fiscal al 5 por ciento del PIB», celebró el primer ministro Sebastien Lecornu.
El desafío numérico resulta mayúsculo, considerando que el propio Ejecutivo proyecta un rojo fiscal del 5,4 por ciento para 2026 y que los registros del INSEE sitúan la deuda estatal en un alarmante 119 por ciento del PIB al término del segundo trimestre de dicho ejercicio.
«Tras las elecciones presidenciales de 2027, seguirán siendo necesarios esfuerzos fiscales sustanciales y sostenidos para mejorar las finanzas públicas y estabilizar la deuda», advirtió la firma calificadora.
Clima de conflictividad y horizontes electorales
El margen de maniobra estatal permanece acorralado por un clima de descontento popular expresado en huelgas contra el costo de vida y el deterioro de los servicios básicos, tensiones que amenazan la viabilidad de los ajustes ante la inminencia de la contienda electoral.













