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Administradores y dueños de locales del polo textil de la avenida Avellaneda advierten sobre jornadas completas sin facturación, altos costos fijos y serias dificultades para sostener los alquileres y salarios.
La actividad comercial en el barrio porteño de Flores atraviesa una profunda desaceleración caracterizada por la baja en el volumen de ventas y una menor circulación de compradores en galerías y arterias secundarias a la tradicional avenida Avellaneda. Comerciantes de la zona advierten que la falta de poder adquisitivo de los clientes provocó un escenario crítico en el que diversos establecimientos llegan a completar jornadas enteras sin concretar una sola operación.
Diego Nayguz, propietario y administrador de una galería comercial de 16 locales ubicada en la intersección de las calles Concordia y Bogotá, describió el panorama actual y lo comparó con otras etapas históricas de contracción económica: “Ahora abrís la persiana y no se vende. En la crisis de 2001, con corralito y todo, los comercios vendían; hoy hay locales que abren sus puertas y no abren caja en todo el día”.
Costos fijos elevados y readecuación de alquileres
A pesar de que sobre el eje principal de la avenida Avellaneda la actividad muestra mayor movimiento, las galerías y las calles transversales sufren el mayor impacto. Según Nayguz, en los sectores alejados de los frentes a la calle la circulación es prácticamente nula, lo que complica el cumplimiento de los compromisos financieros mensuales.
El esquema de costos que afrontan los inquilinos combina varios frentes de presión:
- Alquileres: Varían entre los $200.000 y $600.000 mensuales, habiendo registrado bajas sustanciales ante la imposibilidad de cobro en los plazos habituales.
- Salarios: El costo laboral promedio por empleado se ubica cercano al millón de pesos.
- Servicios básicos: Las facturas de luz de las instalaciones comunes de una galería rondan entre los $700.000 y $1.500.000 mensuales, costos que en muchos casos debió absorber la propia administración para evitar expensas impagables.
Ante este escenario, la estrategia de los administradores se volcó a la flexibilización de los contratos para evitar el vaciamiento de los inmuebles. “Tratás de que no se vaya nadie, cobrás como podés y se buscan acuerdos”, señaló el empresario sobre la renegociación constante de los valores locativos.
Factores detrás del freno en las ventas
Entre las principales causas de la caída en el nivel de actividad, los comerciantes coinciden en señalar el deterioro del poder adquisitivo de las familias, cuyo presupuesto se destina prioritariamente a cubrir alimentos, medicamentos y servicios básicos, postergando la compra de indumentaria.
A la menor capacidad de gasto se le suman complicaciones logísticas locales, como las restricciones vigentes para el ingreso de micros con tours de compras procedentes de distintos puntos del país y de ferias como La Salada. El impedimento para que estos transportes desplieguen pasajeros directamente en la zona comercial obliga a los compradores a recurrir a traslados secundarios en la Ciudad, reduciendo el flujo de clientes mayoristas que históricamente abastecía al sector.














