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Los sismos de gran magnitud registrados recientemente en Colombia y Venezuela volvieron a poner el tema en agenda. Qué zonas del país presentan mayor peligrosidad, cómo funciona el sistema de prevención y por qué los expertos descartan que esos movimientos hayan aumentado el riesgo argentino.
Los terremotos de gran magnitud que sacudieron Colombia y Venezuela en las últimas semanas despertaron una pregunta inevitable: ¿puede un fenómeno sísmico de esas características repetirse en Argentina?
La respuesta de los especialistas es clara: Argentina tiene un riesgo sísmico significativo, pero los recientes terremotos registrados en esos países no aumentaron la amenaza para el territorio nacional.
La mayor peligrosidad se concentra en el oeste argentino, especialmente en San Juan y Mendoza, donde la interacción entre las placas tectónicas genera las condiciones necesarias para que se produzcan terremotos potencialmente destructivos.
Cuáles son las zonas con mayor peligrosidad sísmica
El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) divide al país en cinco zonas, identificadas del 0 al 4 según el nivel de peligrosidad sísmica.
La zona 4, de mayor peligrosidad, comprende principalmente el sur de San Juan y el norte de Mendoza. Se trata de un corredor donde existe una importante concentración de fallas activas y donde históricamente ocurrieron algunos de los terremotos más destructivos de la Argentina.
“Siempre se mantiene la zona de mayor peligrosidad sísmica hacia el oeste, en las provincias de San Juan y Mendoza”, explicó a Infobae Gustavo Ortiz, geólogo, sismólogo y director del Observatorio Sismológico CONICET-UNSJ de San Juan.
El especialista señaló que, de acuerdo con la clasificación del INPRES, los sectores de mayor peligrosidad se encuentran precisamente en el sur sanjuanino y el norte mendocino.
Pero no son las únicas áreas donde pueden producirse movimientos importantes. También existen sectores de riesgo en el centro de Mendoza, el norte y este de San Juan, el oeste de La Rioja y parte del noroeste de San Luis.
En el noroeste argentino se identifican además fallas activas en zonas como las sierras de Famatina, Velasco y Ambato, en La Rioja, así como en el Valle de Lerma, la Quebrada de Humahuaca y los Valles Calchaquíes.
Por qué tiembla más en el oeste argentino
La explicación está en la dinámica de las placas tectónicas.
Frente a las costas de Chile y Perú, la Placa de Nazca se introduce por debajo de la Placa Sudamericana. Este proceso, conocido como subducción, acumula enormes cantidades de energía en la corteza terrestre.
Cuando esa energía se libera a través de una falla, se produce un terremoto.
Esa dinámica explica buena parte de la actividad sísmica de la Cordillera de los Andes y de las regiones argentinas ubicadas hacia el este.
“En toda nuestra Cordillera de los Andes tenemos documentados grandes eventos sísmicos”, explicó Ortiz. En el caso de San Juan, agregó, se registraron históricamente terremotos cercanos a magnitud 6.
Según datos del INPRES, aproximadamente el 80% de los eventos sísmicos registrados en el país ocurre a más de 100 kilómetros de profundidad, mientras que alrededor del 20% se origina a menos de 40 kilómetros.
Estos últimos son particularmente relevantes desde el punto de vista de los daños: cuanto más superficial es un terremoto, mayor puede ser su impacto sobre las construcciones cercanas, dependiendo también de su magnitud, del tipo de suelo y de la calidad de las edificaciones.
¿Los terremotos de Colombia y Venezuela afectan a Argentina?
La sucesión de grandes terremotos en Sudamérica puede generar la impresión de que existe una relación entre todos ellos. Sin embargo, los especialistas consultados descartan que los sismos recientes de Colombia y Venezuela hayan incrementado el riesgo argentino.
“No aumenta el riesgo en Argentina lo ocurrido en Colombia”, sostuvo Ortiz.
Aunque los países forman parte de la misma gran placa Sudamericana, las estructuras tectónicas involucradas no son las mismas. Colombia presenta una compleja interacción entre la placa de Nazca y la Sudamericana, mientras que Venezuela está vinculada además con la interacción de la placa Caribe.
Por esa razón, un terremoto ocurrido en Colombia o Venezuela no implica que otro vaya a producirse en Argentina.
La situación es diferente en el caso de Chile, debido a la proximidad geográfica y a que ambos países forman parte del mismo sistema tectónico andino. Los especialistas estudian posibles relaciones entre grandes terremotos chilenos y movimientos registrados posteriormente en sectores del oeste argentino, aunque esto no permite predecir cuándo ocurrirá un nuevo sismo.
Los terremotos que marcaron la historia argentina
Argentina tiene antecedentes de terremotos devastadores.
Uno de los más recordados ocurrió en Mendoza, en 1861. El terremoto destruyó gran parte de la ciudad y provocó miles de muertes.
En 1944, San Juan sufrió uno de los terremotos más graves de la historia del país. El sismo provocó una enorme destrucción y dejó cerca de 10.000 víctimas fatales, además de modificar para siempre la arquitectura y la planificación urbana de la provincia.
Otro episodio significativo ocurrió en 1977, cuando San Juan fue escenario de un inusual doblete sísmico: dos terremotos principales se produjeron con apenas unos 30 segundos de diferencia.
Los llamados dobletes sísmicos son poco frecuentes, pero posibles. Se producen cuando un primer terremoto modifica las condiciones de tensión en el subsuelo y puede favorecer la activación de otra falla cercana.
¿Se puede saber cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto?
No.
Uno de los principales límites de la ciencia sísmica es que actualmente no es posible predecir con precisión cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un terremoto.
Los mapas de peligrosidad permiten determinar cuáles son las regiones que presentan mayores probabilidades de experimentar movimientos fuertes durante determinados períodos y sirven para establecer normas de construcción y estrategias de prevención.
Pero no funcionan como un pronóstico meteorológico.
“Es imposible predecir los eventos sísmicos”, explicó Ortiz. Por eso, sostuvo, la principal herramienta continúa siendo mantener un nivel permanente de preparación y prevención.
Qué papel cumple la construcción
La magnitud de un terremoto no determina por sí sola el número de víctimas ni el nivel de destrucción.
También importan la profundidad del sismo, la distancia al epicentro, las características del suelo y, sobre todo, la resistencia de las construcciones.
Por eso, en las regiones de mayor peligrosidad sísmica existen normas específicas que establecen criterios de construcción sismorresistente.
La experiencia de San Juan y Mendoza demuestra hasta qué punto esas medidas pueden modificar el impacto de futuros terremotos. Después de los grandes terremotos históricos, buena parte de la arquitectura tradicional de esas provincias fue reemplazada por construcciones diseñadas para soportar movimientos del terreno.
Sin embargo, todavía existen construcciones antiguas y sectores vulnerables, particularmente en distintas regiones del norte argentino.
El monitoreo que permite detectar los terremotos
El seguimiento permanente de la actividad sísmica es otra de las herramientas fundamentales para reducir riesgos.
El Observatorio Sismológico CONICET-UNSJ, en San Juan, registra las ondas producidas por terremotos ocurridos tanto en Argentina como en otras partes del mundo.
En el caso del reciente terremoto de Colombia, por ejemplo, los instrumentos instalados en San Juan detectaron las ondas sísmicas que viajaron por el interior del planeta.
“Las ondas sísmicas viajan alrededor del mundo”, explicó Ortiz. Según detalló, las estaciones argentinas ponen sus registros a disposición de la comunidad científica internacional, lo que permite que investigadores de otros países analicen cómo fue percibido un terremoto en distintas regiones.
En el caso del sismo colombiano, las ondas fueron registradas en San Juan aproximadamente 12 minutos después del evento.
Un riesgo que no desaparece
Argentina no está libre de terremotos. Aunque la actividad sísmica es muy diferente según la región, todas las provincias presentan algún grado de amenaza sísmica.
La mayor peligrosidad se mantiene en el oeste, particularmente en San Juan y Mendoza, donde la interacción entre la placa de Nazca y la Sudamericana continúa generando las condiciones tectónicas que explican la actividad de la región.
Los terremotos recientes de Colombia y Venezuela, sin embargo, no modifican ese escenario ni significan que un gran sismo esté por ocurrir en Argentina.
La prevención pasa por otro lado: conocer las zonas de mayor peligrosidad, respetar las normas de construcción sismorresistente, actualizar los mapas, mantener redes de monitoreo y preparar a la población.
Porque, aunque la ciencia todavía no puede decir cuándo llegará el próximo gran terremoto, sí puede ayudar a que sus consecuencias sean menores.















