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El histórico volante central falleció este sábado 11 de julio. Fue campeón seis veces con el Xeneize, capitán albiceleste en el Mundial de Inglaterra 1966 y protagonista de un episodio que cambió las reglas del fútbol mundial.
Antonio Ubaldo Rattín, uno de los futbolistas más determinantes en la historia de Boca Juniors y de la Selección Argentina, murió este sábado a los 89 años. La noticia golpeó al ambiente futbolero desde temprano y generó una ola de mensajes de despedida en los clubes, organismos y hinchas que lo vieron jugar durante casi tres décadas de vida pública, primero como futbolista y después como dirigente y político.
Nacido en Tigre, provincia de Buenos Aires, el 16 de mayo de 1937, Rattín llegó a las divisiones inferiores de Boca en 1955 procedente de Club Atlético Tigre. Debutó en Primera División en 1956, con apenas 19 años, y desde entonces construyó una carrera que lo mantuvo vestido de azul y oro durante 14 temporadas consecutivas, una permanencia poco habitual incluso para la época.
Con 1,90 metro de estatura, Rattín se impuso en la mitad de la cancha por una combinación de factores que excedían lo estrictamente técnico: la ubicación, el control del balón, la tenacidad para la marca y, sobre todo, una voz de mando que lo convirtió en referencia del vestuario. Esa autoridad silenciosa y a la vez indiscutida le valió un apodo que quedó asociado para siempre a su nombre: el alma de Boca.
En el club disputó 382 partidos y convirtió 28 goles, una cifra que para un mediocampista defensivo de aquellos años resultaba secundaria frente a su verdadero aporte: el equilibrio y el mando del equipo. Con la camiseta xeneize ganó los campeonatos de 1962, 1964, 1965 y 1969, sumó la Copa Argentina de ese último año y fue subcampeón de la Copa Libertadores de América en 1963. En 2015, el club lo homenajeó con una estatua en el Museo de la Pasión Boquense, un reconocimiento a una trayectoria que se mide tanto en títulos como en la identificación total con la institución.
Rattín también fue una pieza clave de la Selección Argentina durante una década. Disputó 32 partidos con la camiseta albiceleste y participó en dos Copas del Mundo consecutivas: Chile 1962 e Inglaterra 1966. También jugó las ediciones de la Copa América de Ecuador 1959 y Uruguay 1967, y en 1964 fue parte del plantel que ganó la Copa de las Naciones, un torneo organizado por la Confederación Brasileña de Fútbol en el que compitieron Argentina, Brasil, Inglaterra y Portugal.
El episodio más recordado de su carrera ocurrió en el Mundial de 1966, cuando Rattín llevaba la cinta de capitán de la Selección. En los cuartos de final ante el local, Inglaterra, el árbitro decidió expulsarlo. El equipo argentino no comprendió los motivos de la decisión y reclamó, sin éxito, la presencia de un traductor que pudiera aclarar la situación. El partido quedó detenido durante cerca de diez minutos hasta que Rattín finalmente abandonó el campo de juego. Antes de retirarse, apretó con fuerza el banderín del córner que llevaba el emblema británico y luego se sentó varios minutos sobre la alfombra roja reservada para la realeza inglesa.
Aquel episodio, cargado de tensión y de un fuerte componente político y futbolístico en plena Guerra Fría del deporte, tuvo una derivación que trascendió el partido: la FIFA, a partir de ese antecedente, resolvió incorporar las tarjetas como herramienta arbitral para comunicar con claridad las sanciones disciplinarias, un sistema que continúa vigente hasta la actualidad en todo el fútbol mundial.
Retirado como jugador, Rattín continuó ligado al fútbol desde otros roles. Como entrenador dirigió a Estudiantes de Río Cuarto en 1976 y a Gimnasia y Esgrima La Plata en 1979. En 1980 asumió la conducción de Boca durante el torneo Metropolitano: el equipo atravesó una primera rueda con numerosas derrotas, pero mejoró notablemente en la segunda mitad del campeonato, en la que encadenó una racha de doce partidos sin perder y terminó en la séptima posición. Al año siguiente, en el Nacional 1980, el equipo tuvo una campaña floja y quedó eliminado en la primera ronda. Aquella experiencia cerró su etapa como director técnico, ya que no volvió a dirigir.
Ya alejado de las canchas, Rattín incursionó en la política. Entre 2001 y 2005 se desempeñó como diputado de la Nación por el espacio de centroderecha PAUFE (Partido Unidad Federalista). Luego, entre 2005 y 2009, fue concejal por el Frente Justicialista en el Partido de Vicente López, en la zona norte del Gran Buenos Aires. En los años posteriores se dedicó al rubro de los seguros y mantuvo un vínculo activo con la Mutual de ex jugadores de Boca, espacio desde el cual acompañó a generaciones de futbolistas retirados.
Tras confirmarse la noticia de su fallecimiento, Boca Juniors expresó su pesar a través de un comunicado institucional en el que despidió a Rattín como ídolo y emblema del club, y extendió su acompañamiento a la familia y a los seres queridos en un momento de profundo dolor. En la misma línea, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) transmitió sus condolencias públicas, en las que lo describió como un histórico emblema tanto de Boca Juniors como de la Selección Argentina.
La figura de Rattín queda asociada a una época del fútbol argentino en la que el liderazgo dentro de la cancha se construía con presencia física, autoridad y una entrega absoluta a la camiseta. Su nombre permanece ligado no solo a los títulos obtenidos con Boca, sino también a un hecho puntual que modificó para siempre la forma en que los árbitros comunican sus decisiones en cualquier cancha del mundo.
Con su muerte, el fútbol argentino despide a uno de los símbolos más reconocibles de la década del sesenta, una figura que trascendió lo estrictamente deportivo para convertirse en parte de la memoria colectiva de una institución y de un país futbolero.
La noticia de su partida llegó en una jornada particular para el fútbol argentino, en medio de la disputa del Mundial 2026 y a horas de que la Selección enfrente a Suiza por los cuartos de final en busca de un lugar en semifinales. Ese cruce de calendarios reforzó el paralelismo entre dos generaciones albicelestes separadas por sesenta años: la que Rattín capitaneó en Inglaterra 66 y la que hoy busca coronarse en Norteamérica bajo la conducción de Lionel Scaloni.
En el plano estrictamente futbolístico, Rattín pertenece a una generación de mediocampistas centrales que definieron un estilo de juego basado en la marca, la lectura táctica y el control del ritmo del partido, mucho antes de que esas funciones se sofisticaran con el análisis de datos y las estadísticas avanzadas que hoy acompañan al fútbol de élite. Su forma de entender la posición influyó en generaciones posteriores de volantes centrales que pasaron por Boca, para quienes su nombre sigue funcionando como referencia histórica del puesto.
Durante su carrera como jugador coincidió, en distintos amistosos y giras internacionales, con algunas de las máximas figuras del fútbol mundial de la época, entre ellas el brasileño Pelé, entonces en Santos, en encuentros que quedaron registrados en la memoria fotográfica del club y que hoy circulan como parte del homenaje espontáneo que le tributan hinchas y medios especializados.
Puertas adentro de Boca, la génesis de Rattín como referente institucional se explica también por su llegada temprana a las divisiones inferiores y por una carrera que, a diferencia de la de otros ídolos de su tiempo, transcurrió íntegramente en el mismo club, sin pasos por el fútbol europeo. Esa fidelidad, poco frecuente incluso para los parámetros de aquella época, alimentó buena parte del vínculo emocional que la hinchada mantuvo con él durante décadas, mucho después de su retiro como futbolista.
En las próximas horas se espera que distintas figuras del fútbol argentino, dirigentes de otros clubes y referentes de la política deportiva se sumen a las despedidas públicas que ya circulan desde la mañana de este sábado, en un homenaje que atraviesa a hinchas de Boca y a seguidores del fútbol argentino en general, más allá de rivalidades históricas.
















