Martes 21 de julio de 2026
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Estados Unidos redefine su estrategia militar frente a China: el plan del Pentágono para contener su avance en el Pacífico

5 min de lectura

La decisión del Pentágono de avanzar con la construcción de ocho nuevos buques anfibios para la Infantería de Marina va mucho más allá de una simple modernización de su flota. Para especialistas en defensa, la iniciativa refleja un cambio profundo en la doctrina militar de Estados Unidos, orientado a un eventual escenario de conflicto con China en el Indo-Pacífico.

Durante una entrevista en Infobae a la Tarde, el analista internacional Andrei Serbin Pont explicó que la incorporación de estas embarcaciones forma parte de una estrategia destinada a reforzar la capacidad de Washington para limitar la proyección militar de Beijing en la región.

«La obsesión de Estados Unidos con China es real. Hay un operativo cerrojo sobre el avance chino en el Indo-Pacífico», resumió.

Un contrato que marca un cambio de doctrina

El punto de partida de esta transformación es la construcción de ocho buques anfibios livianos de la nueva clase McClung, diseñados para transportar tropas, vehículos y equipamiento hacia costas sin infraestructura portuaria.

Según Serbin Pont, el verdadero valor estratégico de estas embarcaciones no radica únicamente en sus capacidades técnicas, sino en el tipo de operaciones para las que fueron concebidas.

«Estos buques representan un cambio doctrinario. Fueron diseñados para desplegar tropas y equipamiento sobre pequeñas islas o costas no preparadas, algo clave para el escenario que Estados Unidos proyecta en el Pacífico», explicó.

La nueva estrategia busca reemplazar parcialmente la lógica basada en grandes plataformas, como los portaaviones, por una red de fuerzas más pequeñas, móviles y distribuidas en múltiples posiciones avanzadas.

El objetivo: limitar la expansión naval china

La doctrina estadounidense tiene un claro foco geográfico: las cadenas de islas que se extienden frente al litoral chino.

La denominada primera cadena de islas, integrada por Japón, Taiwán y Filipinas, constituye uno de los principales ejes de la planificación militar de Washington.

«Controlar ese corredor permitiría restringir la capacidad de proyección de la Armada china hacia el Pacífico», sostuvo el especialista.

Detrás de esa estrategia aparece el concepto de «negación de acceso», es decir, impedir que la flota china pueda operar libremente más allá de su costa mediante el despliegue de pequeñas unidades equipadas con sistemas capaces de dificultar el avance enemigo.

Menos portaaviones y más movilidad

Durante décadas, la superioridad naval estadounidense descansó sobre grupos de combate encabezados por portaaviones.

Sin embargo, el desarrollo de misiles balísticos antibuque, aeronaves de largo alcance y otras capacidades militares por parte de China llevó al Pentágono a revisar ese modelo.

«La idea es desplegar pequeñas unidades con armamento que pueda negar el acceso de los buques chinos. Es una reformulación completa de la doctrina militar estadounidense», explicó Serbin Pont.

Según el analista, la prioridad ahora pasa por contar con fuerzas dispersas, más difíciles de localizar y neutralizar, capaces de sostener operaciones desde múltiples bases avanzadas en caso de un conflicto de alta intensidad.

Taiwán, el punto más sensible

Gran parte de la planificación estadounidense tiene como eje un eventual conflicto por Taiwán.

Además de su ubicación estratégica dentro de la primera cadena de islas, la isla concentra una parte fundamental de la producción mundial de semiconductores avanzados, esenciales para industrias como la inteligencia artificial, la electrónica y la defensa.

«La expectativa es que, si hubiera un conflicto, China intentaría controlar especialmente Taiwán por toda la capacidad tecnológica que concentra», señaló Serbin Pont.

En ese contexto, reforzar la presencia militar en la región busca disuadir cualquier intento de alterar el equilibrio estratégico en el estrecho de Taiwán.

La otra competencia: la capacidad industrial

Para el especialista, el desafío que enfrenta Estados Unidos no es únicamente militar.

Serbin Pont advirtió que una de las principales fortalezas de China reside en su enorme capacidad industrial, tanto para producir bienes civiles como equipamiento militar.

«Hoy China produce alrededor de 250 veces más buques por tonelaje que Estados Unidos. Incluso buena parte de los barcos civiles se construyen con estándares que permiten un uso dual», afirmó.

Esa ventaja, sostuvo, obliga a Washington a pensar la competencia con Beijing desde una perspectiva más amplia.

«Estados Unidos enfrenta el desafío de haber tercerizado durante décadas parte de su capacidad industrial, mientras China se consolidó como una potencia manufacturera. La competencia ya no es solamente tecnológica o militar; también pasa por quién tiene la capacidad de sostener la producción a gran escala», concluyó.

La incorporación de los nuevos buques anfibios refleja ese cambio de paradigma. Más que una ampliación de la flota, representa una redefinición de la estrategia militar estadounidense en el Indo-Pacífico, basada en fuerzas más ágiles, posiciones avanzadas y una creciente competencia con China que se libra tanto en el plano militar como en el industrial.

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