Miércoles 9 de septiembre de 2026
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Murió Chiche Gelblung, el periodista que soñaba con viajar a la Luna y vivir 200 años

9 min de lectura

Tenía 82 años. Fue una figura polémica, brillante y disruptiva que atravesó más de cinco décadas de periodismo en gráfica, radio y televisión. Su infancia, su historia de amor con Cristina Seoane, las coberturas de guerra y una carrera marcada por la curiosidad.

Samuel “Chiche” Gelblung murió este miércoles a los 82 años en el Sanatorio Los Arcos, en el barrio porteño de Palermo. Había sido internado el martes por un cuadro respiratorio y, según confirmó su familia, atravesaba su cuarta internación del año.

Hasta sus últimos días, sin embargo, permaneció activo. Trabajó, condujo programas, siguió proyectando nuevos desafíos y mantuvo intacta una de las características que definieron su vida: la curiosidad.

Con su muerte desaparece una de las figuras más singulares de la historia reciente de los medios argentinos. Durante más de cinco décadas pasó por diarios y revistas, radio y televisión, dirigió publicaciones, produjo investigaciones, protagonizó coberturas internacionales y construyó un estilo propio que nunca dejó indiferente.

Una infancia difícil que lo marcó para siempre

Gelblung nació en Buenos Aires en 1944 y creció en Villa Devoto, en el seno de una familia judía de clase media atravesada por la militancia política.

El apodo “Chiche” nació prácticamente desde su nacimiento. Según contó en distintas entrevistas, su familia lo llamaba así porque era “un bebé tan lindo” que lo consideraban “el chiche de la familia”.

Su infancia, sin embargo, estuvo lejos de ser sencilla. Sus padres, Berta Kagan y Alfredo Gelblung, militaban políticamente de manera clandestina, mientras que su abuela materna tenía una fuerte formación religiosa. Las discusiones y tensiones ideológicas eran habituales dentro de la casa.

A los 14 años tomó una decisión que marcaría su vida: abandonó el hogar familiar.

Sin terminar el colegio, trabajó en distintos oficios, vendió productos en la calle y llegó a refugiarse en un depósito de huevos. Aquella adolescencia acelerada lo puso en contacto con un mundo adulto que, según relató años después, terminó definitivamente con su infancia.

También debió atravesar la muerte violenta de dos amigos de aquellos años, una experiencia que lo marcó profundamente.

Un periodista autodidacta

El periodismo apareció temprano como una vía de escape y, con el tiempo, se transformó en su gran oficio.

Durante su adolescencia vendió la Enciclopedia Británica y llegó a viajar por Europa como reconocimiento por su desempeño comercial. A los 16 años ya había conocido Londres, París, Roma, Ámsterdam y Lisboa.

Su formación fue esencialmente autodidacta. Frecuentó bibliotecas y aprendió sobre periodismo mientras buscaba hacerse un lugar en las redacciones.

Incluso llegó a utilizar un título secundario falsificado para poder ingresar a una escuela de periodismo. Poco después consiguió entrar como pasante a Editorial Atlántida, en 1966.

Allí consiguió una de sus primeras grandes oportunidades. A los 22 años se infiltró en una reunión privada con el expresidente Arturo Illia y obtuvo una primicia que confirmó que tenía condiciones para moverse en el terreno que más le interesaba: el de la noticia.

Su jefe Raúl Urtizberea le dejó entonces una frase que Gelblung recordaría durante toda su carrera: “No sé si te irá bien en la letra, pibe. Pero vos tenés la música”.

De las revistas a la televisión

Durante las décadas de 1970 y 1980, Gelblung se convirtió en una figura central de la prensa gráfica.

Dirigió la revista Gente entre 1975 y 1981 y luego La Semana. Su estilo combinaba investigación, impacto visual, temas sociales y una mirada que no le escapaba al sensacionalismo.

Él mismo defendía esa elección y cuestionaba las etiquetas que intentaban definir su manera de hacer periodismo.

En paralelo, utilizó durante un tiempo el seudónimo Mariano Ovejero para firmar algunas de sus notas y hasta tuvo una breve experiencia como cantante de tangos en La Botica del Ángel.

Finalmente, tuvo que elegir entre la música y el periodismo. Eligió el oficio que lo acompañaría hasta el final.

La televisión llegó relativamente tarde en su carrera. Gelblung solía recordar que recién desembarcó en la pantalla a los 50 años y consideraba que haberlo hecho antes podría haber sido un problema.

La oportunidad llegó de la mano de Alejandro Romay, quien confió en él y llegó a autorizar presupuestos millonarios para producciones especiales.

“Memoria” y un estilo imposible de copiar

Durante los años 90, Gelblung se consolidó como uno de los periodistas más reconocibles de la televisión argentina.

Programas como Memoria, por Canal 9, combinaron investigación, testimonios, espectáculo y una particular forma de abordar temas que muchas veces se encontraban en el límite entre el periodismo y la ficción.

Entre sus trabajos más recordados estuvieron investigaciones sobre el estafador Ricardo Gil Lecha y distintos informes vinculados con el supuesto extraterrestre de Roswell.

Su método era exigente. Defendía las largas jornadas de trabajo y aseguraba que nunca le pedía a sus equipos algo que él no estuviera dispuesto a hacer.

“Guardias de 24 horas, de 48 horas, yo las hice”, explicó alguna vez.

Su carácter podía ser duro y su estilo, polémico. Él mismo se definía como gritón, pero insistía en que jamás había faltado el respeto a sus colaboradores.

De Vietnam a Ucrania

La curiosidad de Gelblung también lo llevó a algunos de los escenarios más peligrosos del mundo.

Cubrió conflictos como la Guerra de los Seis Días, Biafra, Yom Kipur y Vietnam. Décadas después, cuando muchos periodistas de su generación ya habían abandonado las coberturas de riesgo, viajó a Ucrania en plena guerra.

Lo hizo en 2022, cuando tenía 79 años.

Su explicación era sencilla: había que estar donde ocurrían las cosas.

Las experiencias de guerra dejaron huellas. Con el tiempo contó que el miedo muchas veces aparecía después de las coberturas, cuando desaparecía la adrenalina.

Cristina Seoane, el gran amor de su vida

En su vida personal, Cristina Seoane ocupó un lugar central.

Se conocieron cuando ambos estaban vinculados con la revista Gente. Él era director y ella, una reconocida modelo. La relación atravesó crisis, separaciones y reconciliaciones, pero terminó convirtiéndose en una historia de casi medio siglo.

Se casaron en 1977 y tuvieron tres hijos: Maggie, Mary y Federico. Con ellos llegaron siete nietos.

Gelblung nunca ocultó sus infidelidades y reconoció públicamente que había sido un “infiel serial”. También contó que, cuando su matrimonio atravesó una de sus mayores crisis, hizo enormes esfuerzos para recuperar la relación.

“Por la única que luché fue por ella”, aseguró.

Con el paso de los años, definió a Cristina como “el gran amor” de su vida y como su equilibrio.

El hombre que quería vivir 200 años

La relación de Gelblung con el paso del tiempo fue, como casi todo en él, particular.

Nunca escondió su temor a la muerte, pero prefería concentrarse en los proyectos antes que en la edad.

“Yo encaro mi día como si fuera a vivir 200 años”, decía.

A los 79 años incluso se inscribió como voluntario para un eventual viaje a la Luna. No se trataba solamente de una excentricidad: para él, el viaje representaba una nueva experiencia y una oportunidad para seguir explorando.

“Me apasiona el viaje en sí mismo”, explicó.

También acumuló objetos de manera casi compulsiva. Contó que llegó a tener unas 3.000 lapiceras y alrededor de 1.000 corbatas.

Su filosofía podía resumirse en otra de sus frases: “Uno tiene la edad de sus proyectos”.

Sus últimos años: trabajar hasta el final

A pesar de los problemas de salud que atravesó en los últimos años, Gelblung nunca aceptó del todo la idea del retiro.

Había sufrido episodios graves de salud, entre ellos sepsis, neumonía e insuficiencia renal, además de varias internaciones.

Pero continuó trabajando y manteniendo una agenda intensa.

También fue crítico de la transformación de los medios. Observaba con preocupación la pérdida de análisis y de referencias históricas y cuestionaba una televisión cada vez más concentrada en la coyuntura policial.

Aun así, no dejó de mirar hacia adelante.

En 2025 recibió un reconocimiento en los Martín Fierro de Cable por su programa de magazine y fue ovacionado durante la ceremonia. Aquel día, acompañado por Cristina Seoane y su familia, volvió a demostrar que seguía siendo una figura vigente.

Un legado construido sobre la curiosidad

Chiche Gelblung atravesó épocas y formatos sin abandonar su principal motor: la curiosidad.

Fue periodista gráfico, director de revistas, conductor de televisión, hombre de radio, productor y creador de medios digitales. Fue polémico y provocador, pero también un profesional que entendía el periodismo como una búsqueda permanente.

Nunca quiso retirarse del todo. Hasta el final conservó proyectos y llegó a imaginar la posibilidad de volver a editar un diario de papel.

Su vida estuvo marcada por los contrastes: una infancia difícil y una carrera extraordinaria; el miedo a la muerte y la obsesión por vivir; la pasión por el periodismo y el deseo constante de conocer algo nuevo.

A los 82 años, Chiche Gelblung murió como había vivido: trabajando, preguntando y proyectando.

Porque, para él, mientras hubiera un proyecto por delante, siempre quedaba algo por hacer.

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