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La recomendación es consumir al menos 400 gramos diarios de frutas y hortalizas, pero en Argentina la ingesta ronda poco más de 200 gramos por persona. El especialista Mariano Winograd advirtió además sobre la pérdida de variedad en la alimentación.
Las frutas y verduras ocupan un lugar cada vez más visible en las góndolas y en los hábitos de compra, pero los argentinos todavía están lejos de alcanzar la cantidad recomendada para una alimentación saludable.
El especialista en frutihorticultura Mariano Winograd estimó que el consumo actual ronda algo más de 200 gramos diarios por habitante, mientras que la referencia recomendada se ubica en torno a los 400 gramos por día.
En términos anuales, la diferencia también resulta significativa: el consumo actual equivale a unos 100 kilos por persona al año, frente a una referencia cercana a los 146 kilos.
Pero para Winograd el problema no está solamente en la cantidad. También existe una pérdida de diversidad en las frutas y verduras que llegan a la mesa cotidiana.
El consumo está por debajo de lo recomendado
En diálogo con Infobae A las Nueve, Winograd explicó que los 400 gramos diarios funcionan como una referencia básica para una alimentación equilibrada.
Sin embargo, sostuvo que ese nivel está lejos de cumplirse en Argentina y que la dieta cotidiana se volvió más limitada en cuanto a productos, preparaciones y combinaciones.
La consecuencia, según el especialista, no es únicamente consumir menos frutas y verduras, sino también acostumbrarse a una oferta cada vez más reducida.
“Tenés que educarlos en la diversidad”, planteó al referirse especialmente a la alimentación infantil y a la importancia de incorporar desde edades tempranas una mayor variedad de alimentos.
La palta, una de las grandes protagonistas
Dentro de los cambios registrados en los últimos años, Winograd destacó especialmente el crecimiento del consumo de palta.
“La fruta más impactante de hoy es la palta, no es la manzana”, señaló.
También mencionó entre los productos que ganaron presencia a la almendra y la mora congelada, aunque aclaró que se trata de alimentos cuyo consumo creció en los últimos años y que eso no significa necesariamente que hayan desplazado a las frutas de mayor consumo histórico.
El especialista explicó que en Argentina se produce principalmente la variedad Hass, originada a partir de una mutación detectada en California a comienzos del siglo XX.
Según detalló, se caracteriza por una buena relación entre semilla y pulpa y por una maduración pareja. “La Hass es muy cremosa”, describió.
Mango, pitaya, higo y otras frutas que todavía tienen poco lugar
Winograd también puso el foco en otras frutas que están disponibles en el país, pero que todavía tienen una presencia limitada en el consumo cotidiano.
Entre ellas mencionó mango, tuna, pitaya, higo y chirimoya.
Para el especialista, ampliar el consumo implica no solamente comer más cantidad, sino también recuperar productos que quedaron fuera de los hábitos habituales.
Una de las alternativas que planteó es incorporar frutas a preparaciones que ya forman parte de la dieta, como ensaladas, licuados y comidas cotidianas. También destacó la posibilidad de recurrir a productos congelados para ampliar las opciones durante todo el año.
La importancia de recuperar la diversidad
La pérdida de variedad es, para Winograd, uno de los principales desafíos. La alimentación cotidiana se concentra en un grupo relativamente reducido de frutas y verduras, mientras que otras opciones tienen poca presencia.
En ese sentido, recordó campañas internacionales destinadas a promover el consumo de estos alimentos, como “Cinco al día”. También mencionó el caso de Francia, donde se impulsó la consigna “Dix par jour”, con especial énfasis en la diversidad.
La idea es que aumentar el consumo no significa simplemente comer más de los mismos productos, sino incorporar una mayor cantidad de variedades.
Por qué llegan cítricos importados en verano
La estacionalidad también explica parte del movimiento del mercado frutihortícola argentino.
Durante el verano ingresan al país naranjas, mandarinas, limones y pomelos provenientes del exterior, debido a que la producción local de cítricos se concentra principalmente durante los meses fríos.
Winograd señaló que se trata de una cuestión de disponibilidad estacional y mencionó importaciones provenientes de Brasil, Chile, España y Egipto.
“El cítrico es una fruta, pomelo, mandarina, limón, naranja, en principio de invierno”, explicó.
Papa, cebolla y choclo: no todas las verduras tienen el mismo perfil
El especialista también diferenció a las hortalizas amiláceas del resto de los vegetales.
En ese grupo ubicó a la papa, la cebolla y el choclo, alimentos que presentan una mayor proporción de hidratos de carbono.
Por eso, remarcó la conveniencia de combinarlos con otras verduras que aporten fibra, vitaminas y minerales, como espinaca y acelga.
La recomendación apunta nuevamente a ampliar la diversidad de la alimentación en lugar de concentrar el consumo en un grupo reducido de productos.
El diagnóstico de Winograd sobre el Mercado Central
Winograd también se refirió al estado actual del Mercado Central, institución con la que tuvo una relación directa desde sus comienzos.
Según relató, participó en la apertura del predio el 15 de octubre de 1984 y asumió tareas de gerencia después de integrar el grupo de asesores que trabajó en su puesta en funcionamiento. Renunció un mes después, el 15 de noviembre, por diferencias con el directorio de aquel momento.
A más de cuatro décadas de aquella apertura, realizó un diagnóstico crítico sobre la situación actual del mercado.
“Está muy deteriorado, está muy empobrecido”, afirmó.
Su evaluación abarcó no solo la infraestructura, sino también los cambios en la actividad comercial, la circulación del dinero y la diversidad de productos demandados.
Al mismo tiempo, destacó algunas transformaciones en el sector, como la incorporación de mujeres e inmigrantes y el crecimiento de las billeteras electrónicas frente al uso del efectivo.
Para Winograd, el futuro del predio requiere una renovación profunda. Su conclusión fue contundente: “Lo tenemos que hacer de nuevo”.
Cuánto falta para llegar a la recomendación
Los números permiten dimensionar la brecha. Si el consumo promedio actual ronda los 200 gramos diarios y la referencia recomendada es de 400 gramos, los argentinos consumen aproximadamente la mitad de esa cantidad.
El desafío, según el especialista, no pasa únicamente por aumentar el volumen, sino por recuperar la variedad y ampliar las formas de incorporar frutas y verduras a las comidas.
En ese cambio de hábitos, la educación alimentaria desde edades tempranas y una mayor diversidad de productos aparecen como dos factores centrales para acercar el consumo cotidiano a los niveles recomendados.
















