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Evelyn Garay, exreligiosa que vivió más de tres años en el monasterio entrerriano, detalló el régimen de censura, uso de cilicios y las restricciones para abandonar la orden.
El impacto de la miniserie de ficción Cautiva reflotó el caso judicial alrededor del monasterio de la Preciosísima Sangre y Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá, proceso por el cual la ex superiora Luisa Toledo fue condenada a prisión efectiva por privación ilegítima de la libertad. Evelyn Garay, exintegrante de la comunidad entre 2002 y 2005, prestó testimonio sobre las estrictas normas de clausura y control coercitivo que rigieron la vida cotidiana dentro de la institución.
Controles, penitencias y aislamiento interno
El régimen impuesto en la congregación religiosa abarcaba las siguientes características principales:
- Regla de silencio y censura: La convivencia estaba condicionada por un silencio estricto que impedía establecer lazos de confianza o apoyo entre las novicias. A su vez, la correspondencia con el exterior era dictada e intervenida por la conducción del convento.
- Castigos físicos: Se empleaban de forma cotidiana instrumentos de autoflagelación como cilicios y disciplinas para infligir dolor corporal como parte de las prácticas penitenciales de la orden.
- Aislamiento y falta de controles sanitarios: Las visitas de familiares eran restringidas o canceladas por años. Las salidas se limitaban a emergencias puntuales, registrándose una ausencia total de controles médicos preventivos y ginecológicos para las residentes.















