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Los gobiernos de Argentina y Chile presentaron este viernes el proyecto para recuperar el Ferrocarril Trasandino, la conexión ferroviaria entre Mendoza y el país vecino que estuvo paralizada durante 42 años. La inversión estimada asciende a USD 9.600 millones e incluye la incorporación de trenes de alta velocidad, lo que lo convertiría en el primero de Sudamérica en su tipo.
El anuncio fue realizado en una conferencia de prensa conjunta en el Paso Uspallata, el histórico cruce cordillerano que alguna vez unió a ambos países por vía férrea. Participaron el ministro de Transporte argentino, el embajador chileno en Buenos Aires y autoridades de la provincia de Mendoza. La iniciativa cuenta con respaldo de inversores privados y de organismos multilaterales de crédito.
El proyecto no solo propone recuperar la traza histórica del Trasandino, sino rediseñarla con tecnología de vanguardia. Los trenes de alta velocidad permitirían reducir significativamente los tiempos de viaje y competir con el transporte carretero y aéreo en el corredor bioceánico más activo de Sudamérica.
La historia del Trasandino: 42 años de silencio ferroviario
El Ferrocarril Trasandino fue uno de los ferrocarriles más ambiciosos de la historia argentina. Inaugurado en 1910, cruzaba la Cordillera de los Andes a través del Paso Uspallata y conectaba la ciudad de Mendoza con Los Andes, en Chile, en un trayecto de alta complejidad técnica y paisajística.
Durante décadas, el Trasandino fue una arteria clave para el comercio bilateral. Transportaba carga y pasajeros a través de la cordillera, sorteando túneles, puentes y curvas pronunciadas. Era una obra de ingeniería admirable para su época.
En 1984, tras un aluvión que destruyó parte de la traza y la estación de Puente del Inca, el servicio quedó definitivamente interrumpido. Desde entonces, el ferrocarril quedó en el olvido. Las vías se oxidaron, los túneles se derrumbaron parcialmente y la naturaleza recuperó su espacio. El Trasandino se convirtió en un recuerdo para los más veteranos y una leyenda para las nuevas generaciones.
El nuevo proyecto: alta velocidad y tecnología de punta
El plan presentado este viernes es radicalmente diferente al ferrocarril histórico. No se trata de reconstruir lo que existía, sino de construir algo nuevo. Los trenes de alta velocidad circularán a más de 250 kilómetros por hora, lo que permitirá cruzar la cordillera en menos de dos horas.
Actualmente, cruzar de Mendoza a Santiago por tierra lleva entre 6 y 8 horas en auto o micro, dependiendo del estado de los pasos fronterizos. Por vía aérea, el vuelo directo dura una hora, pero sumando traslados a los aeropuertos y controles migratorios, el tiempo total es similar al del tren de alta velocidad proyectado.
La ventaja del tren será el costo. Los pasajes del Trasandino de alta velocidad serían significativamente más económicos que los aéreos, lo que podría democratizar el acceso al turismo y al comercio entre ambos países.
Un corredor bioceánico para potenciar el comercio
El corredor Mendoza-Chile es el más activo de Sudamérica. Por allí pasa gran parte del comercio entre Argentina, Chile y los países de la Cuenca del Pacífico. Millones de toneladas de carga cruzan la cordillera cada año por los pasos de Cristo Redentor y Los Libertadores.
Actualmente, casi toda esa carga se transporta en camión. El ferrocarril podría absorber una parte significativa de ese volumen, reduciendo los costos logísticos y el impacto ambiental. Los trenes de carga de alta capacidad podrían transportar contenedores directamente desde los puertos argentinos hasta los puertos chilenos en el Pacífico.
La iniciativa tiene el potencial de transformar radicalmente la logística regional y posicionar a Argentina como un nodo clave del comercio entre el Atlántico y el Pacífico. Además, impulsará el turismo en la región de Cuyo, que podrá ofrecer un nuevo atractivo a los visitantes.
Los desafíos por delante
A pesar del entusiasmo oficial, el proyecto enfrenta desafíos enormes. El primero es el financiamiento. USD 9.600 millones es una cifra considerable, incluso para una obra de esta magnitud. Los gobiernos de Argentina y Chile deberán negociar con organismos multilaterales de crédito como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial.
El segundo desafío es ambiental. La traza del Trasandino atraviesa ecosistemas frágiles de alta montaña. Será necesario realizar estudios de impacto ambiental rigurosos y garantizar que la construcción no dañe irreversiblemente el entorno natural.
El tercer desafío es político.













