Viernes 12 de junio de 2026
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David Hockney, el pintor que revolucionó el arte contemporáneo, murió a los 88 años en Londres

4 min de lectura

El artista británico David Hockney, considerado uno de los pintores más influyentes de los siglos XX y XXI, falleció este viernes en Londres a los 88 años. Fue una figura central del pop art y un pionero en la incorporación de nuevas tecnologías al lenguaje artístico, desde la fotocopiadora hasta el iPad. Su obra más reconocida, «A Bigger Splash» (1967), es una de las pinturas más icónicas del arte moderno.

La noticia fue confirmada por su familia a través de un comunicado. «David falleció en paz, rodeado de sus seres queridos. Su legado artístico permanecerá para siempre», expresaron. El mundo del arte despide a uno de sus grandes maestros, cuya influencia trasciende generaciones y disciplinas.

Hockney nació en Bradford, Yorkshire, en 1937. Desde joven mostró interés por el dibujo y la pintura. Estudió en el Bradford College of Art y luego en el prestigioso Royal College of Art de Londres. Fue en esa institución donde comenzó a forjar su estilo, caracterizado por el uso audaz del color y la representación de escenas cotidianas con una mirada única.

Los inicios en el pop art y la consolidación en California

Hockney emergió como una figura destacada del pop art británico en la década de 1960, junto a artistas como Richard Hamilton y Peter Blake. Pero fue su mudanza a California en 1964 lo que marcó un antes y después en su carrera. Las piscinas, las casas modernas, la luz del sur de California y los cuerpos masculinos se convirtieron en sus temas recurrentes.

«A Bigger Splash» es quizás su obra más famosa. La pintura muestra una piscina californiana con el agua suspendida, el impacto de un salto y la ausencia humana que sugiere presencia. Esa síntesis entre cotidianeidad y extrañamiento fue su marca registrada. La obra se exhibe en la Tate Modern de Londres y es considerada un ícono del arte del siglo XX.

Otra obra emblemática de esa época es «Portrait of an Artist (Pool with Two Figures)» (1972), que en 2018 se vendió por 90 millones de dólares en una subasta de Christie’s, convirtiéndose en la obra más cara de un artista vivo en ese momento.

El innovador tecnológico: de las fotocopiadoras al iPad

Hockney nunca dejó de experimentar. En los años 80 exploró el cubismo fotográfico con sus «joiners», collages de fotografías polaroid que buscaban replicar la visión periférica humana. Armaba composiciones fragmentadas que, vistas en conjunto, ofrecían una imagen completa pero desde múltiples perspectivas.

En los años 90 adoptó la fotocopiadora como herramienta artística, produciendo obras de gran tamaño que luego expuso en museos de todo el mundo. Pero su faceta más innovadora llegó en la última etapa de su vida, cuando adoptó el iPad como herramienta de trabajo.

A sus más de 80 años, Hockney se convirtió en un experto en dibujo digital. Producía paisajes, floreros y retratos directamente en la pantalla del iPad, y luego los enviaba a sus galerías para ser impresos en gran formato. Sus obras digitales se vendieron en las principales subastas del mundo y fueron exhibidas en museos como el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).

Su relación con Argentina y el legado que deja

Hockney visitó Argentina al menos en dos ocasiones, la última en 2018 cuando expuso en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires). La muestra «David Hockney: 82 retratos y 1 naturaleza muerta» fue una de las más concurridas en la historia del museo.

Varias de sus obras integran colecciones de museos argentinos y de coleccionistas privados. El Malba posee un grabado de Hockney donado por Eduardo Costantini. El Museo Nacional de Bellas Artes también cuenta con una obra del artista británico en su acervo.

Hockney deja una obra que abarca más de seis décadas, miles de piezas y una influencia decisiva en generaciones de artistas en todo el mundo. Su legado no se limita a la pintura: también incursionó en el diseño teatral, la escenografía, la fotografía y el arte digital.

Su pregunta recurrente era cómo ver el mundo con ojos frescos cada día. Y esa búsqueda constante de nuevos lenguajes lo convirtió en un artista eternamente joven, incluso a los 88 años. El mundo del arte lo despide con gratitud. Su obra seguirá inspirando por generaciones.

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