Jueves 3 de septiembre de 2026
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Qué es El Niño y por qué puede cambiar el clima en distintas partes del mundo

9 min de lectura

El fenómeno climático se origina en el océano Pacífico ecuatorial, pero sus efectos pueden sentirse a miles de kilómetros. La OMM anticipa que el episodio actual se intensificará en los próximos meses y podría extenderse hasta 2027. Qué consecuencias puede tener en las lluvias, las temperaturas y los eventos extremos, y cómo impactaría en la Argentina.

El clima mundial podría atravesar meses de importantes alteraciones debido al fortalecimiento de El Niño, uno de los fenómenos naturales que más influencia tiene sobre la variabilidad climática del planeta.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) anticipó que el episodio continuará intensificándose durante los próximos meses y podría alcanzar una intensidad muy fuerte, con efectos que se extenderían al menos hasta comienzos de 2027.

Aunque su origen está en una zona específica del océano Pacífico, sus consecuencias pueden sentirse a miles de kilómetros. Cambios en la temperatura del mar modifican la circulación de la atmósfera y pueden alterar los patrones habituales de lluvias y temperaturas en diferentes regiones del mundo.

“El Niño tiene el potencial de asestar un duro golpe a comunidades y economías de todo el mundo”, advirtió la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, quien señaló que las sequías y las inundaciones podrían agravarse a medida que avance el fenómeno.

¿Qué es exactamente El Niño?

El Niño es la fase cálida del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un sistema natural que conecta las condiciones del océano Pacífico con la circulación de la atmósfera.

En términos sencillos, se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental presentan temperaturas superiores a las habituales durante varios meses.

Pero el fenómeno no se limita al océano.

“El ENOS tiene tres fases: El Niño, neutral y La Niña”, explicó la meteoróloga Cindy Fernández. Según detalló, se trata de cambios en la circulación atmosférica global que se desencadenan por un calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial —El Niño— o por un enfriamiento —La Niña—.

Los océanos y la atmósfera interactúan permanentemente. El mar entrega calor y vapor de agua a la atmósfera y, cuando su temperatura cambia, también se modifica la cantidad de energía y humedad disponible.

Como consecuencia, se reorganizan los centros de alta y baja presión y las masas de aire pueden desplazarse por trayectorias diferentes a las habituales.

Esto explica por qué un fenómeno que comienza en el Pacífico puede terminar modificando las condiciones meteorológicas en regiones muy alejadas.

¿Por qué un cambio en el Pacífico afecta al resto del planeta?

Una de las claves está en los vientos alisios y la circulación oceánica.

Frente a la costa occidental de Sudamérica circula la corriente de Humboldt o del Perú, que transporta aguas frías y ricas en nutrientes desde el sur hacia el norte.

Habitualmente, los vientos alisios empujan las aguas superficiales hacia el oeste, en dirección a Oceanía. Cuando esos vientos se debilitan, parte del agua cálida acumulada en el Pacífico occidental puede desplazarse hacia el este, acercándose a las costas de Sudamérica.

El meteorólogo Marcelo Madelón explicó que el cambio tiene importantes consecuencias atmosféricas: donde normalmente existe agua fría puede aparecer una superficie marina mucho más cálida, con mayor evaporación y disponibilidad de vapor de agua.

Ese aire cálido y húmedo asciende, favorece la formación de nubes y puede generar tormentas y precipitaciones intensas en zonas que habitualmente son mucho más secas.

Por eso, El Niño funciona como una especie de gran reorganizador de la circulación atmosférica.

¿Cada cuánto aparece El Niño?

El Niño no ocurre todos los años ni tiene una fecha fija de aparición. Los episodios suelen producirse cada dos a siete años, aunque su duración y su intensidad pueden variar considerablemente.

El mismo sistema climático tiene una fase opuesta: La Niña, caracterizada por un enfriamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial.

Entre ambas fases se encuentra el período neutral, cuando las temperaturas del océano y las condiciones atmosféricas se mantienen relativamente cerca de los valores habituales.

¿Qué efectos puede provocar El Niño?

Las consecuencias dependen de la región y de la intensidad del episodio. No todos los países reciben el mismo impacto.

Entre los efectos que pueden aparecer se encuentran:

  • Lluvias más intensas y persistentes.
  • Inundaciones y deslizamientos de tierra.
  • Sequías prolongadas en determinadas regiones.
  • Temperaturas superiores a las habituales.
  • Olas de calor.
  • Cambios en la disponibilidad de agua.
  • Problemas para la agricultura y la producción de alimentos.
  • Mayor riesgo de incendios en zonas que atraviesan condiciones secas.

En algunas partes de Sudamérica, por ejemplo, El Niño puede favorecer precipitaciones abundantes, mientras que en otras regiones puede generar condiciones más secas.

También puede modificar los patrones de lluvias en Australia, Indonesia, Centroamérica y distintas regiones de África.

¿Cómo puede afectar a América Latina?

América Latina se encuentra entre las regiones donde las consecuencias pueden ser especialmente diversas.

En la costa del Pacífico de Sudamérica, el calentamiento del océano puede favorecer lluvias intensas e inundaciones. En cambio, otras zonas pueden atravesar períodos con precipitaciones inferiores a las habituales.

La alteración de los patrones de lluvia puede repercutir directamente sobre la agricultura, los recursos hídricos y la infraestructura.

Centroamérica, por ejemplo, puede enfrentar condiciones de mayor sequedad y dificultades para los cultivos, mientras que otras regiones pueden quedar expuestas a precipitaciones intensas, inundaciones y deslizamientos.

El Niño podría intensificarse durante los próximos meses

La OMM anticipó que el episodio actual continuará fortaleciéndose y podría alcanzar una intensidad muy fuerte.

Las proyecciones señalan que el fenómeno podría persistir al menos hasta febrero de 2027, con un posible pico hacia finales de 2026, impulsado por temperaturas inusualmente elevadas en el Pacífico tropical.

El escenario genera preocupación porque una intensificación de El Niño puede aumentar la probabilidad de lluvias extremas, inundaciones, sequías y olas de calor en distintas partes del mundo.

La OMM también advirtió que Centroamérica ya enfrenta problemas vinculados con la falta de agua y daños en cultivos, mientras que otras regiones como África, el sudeste asiático y Australia podrían quedar expuestas a precipitaciones intensas y otros eventos extremos.

¿El cambio climático provoca El Niño?

No. El Niño es un fenómeno natural y forma parte de la variabilidad climática del planeta.

Sin embargo, el cambio climático puede modificar el contexto en el que estos episodios ocurren.

Un planeta con océanos y una atmósfera más cálidos puede hacer que determinados impactos asociados a El Niño sean más intensos o que sus consecuencias sean más graves para las poblaciones, la infraestructura y la producción de alimentos.

Por eso, los especialistas distinguen entre la causa del fenómeno —que es natural— y las condiciones de fondo que pueden amplificar sus efectos.

¿Qué puede pasar en la Argentina?

En la Argentina, El Niño puede tener un impacto especialmente relevante durante la primavera y el verano, aunque sus efectos dependen de la intensidad del episodio, la región y el momento del año.

Según los especialistas, durante una fase El Niño el centro y el noreste del país suelen presentar una tendencia hacia precipitaciones superiores al promedio.

El Litoral es una de las regiones más sensibles. Provincias como Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Misiones pueden registrar períodos con tormentas más frecuentes y lluvias más abundantes.

El meteorólogo José Bianco explicó que El Niño no permite anticipar exactamente qué ciudad sufrirá una inundación ni en qué momento ocurrirá un evento determinado, pero sí puede marcar una tendencia hacia un escenario más húmedo en amplias zonas del país.

En ese contexto, las grandes cuencas de los ríos Paraná y Uruguay adquieren especial importancia.

Un episodio intenso y persistente podría favorecer precipitaciones por encima de lo normal durante varios meses y aumentar el riesgo de anegamientos urbanos, saturación de los sistemas de desagüe y complicaciones en zonas vulnerables.

También podría influir sobre el comportamiento de los grandes ríos de la cuenca del Plata.

De acuerdo con las proyecciones citadas por Madelón, uno de los principales núcleos de precipitaciones podría concentrarse en sectores del sur de Brasil —incluidos Santa Catarina y Río Grande do Sul— y extenderse hacia Misiones, Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos.

En otras palabras, el fortalecimiento de El Niño no significa que vaya a llover de manera permanente ni que todos los eventos extremos puedan predecirse con meses de anticipación. Sí representa, en cambio, una señal climática de importancia que permite anticipar determinados escenarios y preparar medidas de prevención.

El fenómeno nacido en el Pacífico vuelve a demostrar así hasta qué punto el sistema climático funciona como una red interconectada: una alteración en la temperatura de un océano puede terminar modificando las lluvias, las temperaturas y el riesgo de eventos extremos en regiones situadas a miles de kilómetros.

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