Martes 4 de agosto de 2026
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El Niño 2026: las tres claves del fenómeno climático que preocupa a la ONU y podría agravar los eventos extremos

5 min de lectura

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtieron que el episodio de El Niño que se desarrolla durante 2026 ya figura entre los más intensos registrados y ocurre en un contexto sin precedentes: temperaturas récord en los océanos y en la atmósfera, producto del calentamiento global.

Los organismos internacionales alertan que la combinación de estos factores puede potenciar olas de calor, inundaciones, sequías e incendios forestales en distintas regiones del planeta durante los próximos meses.

Además, remarcan que los pronósticos solo serán útiles si se transforman en medidas concretas de prevención y preparación.

1. Un fenómeno excepcional en un planeta más caliente que nunca

El primer aspecto que destaca la OMM es la magnitud del evento y el contexto climático en el que se desarrolla.

El Niño se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, un proceso que altera la circulación atmosférica y modifica los patrones de lluvias y temperaturas en gran parte del mundo.

Sin embargo, el episodio de 2026 ocurre cuando el planeta ya registra niveles históricos de calor tanto en los océanos como en la atmósfera.

Según los modelos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y del programa europeo Copernicus, 2026 podría ubicarse entre los cinco años más cálidos desde que existen registros, mientras que 2027 incluso podría convertirse en el año con mayor temperatura global de la historia si el fenómeno mantiene su intensidad.

Los especialistas proyectan anomalías superiores a 2,9 °C en sectores del Pacífico tropical, un valor inusualmente elevado que incrementa el potencial de eventos climáticos extremos.

El secretario general de la ONU, António Guterres, resumió la situación con una frase contundente: «El Niño ya no está a la vuelta de la esquina; ha entrado en casa y ha subido la calefacción».

A este escenario se suman otros factores que refuerzan la inestabilidad climática, como el calentamiento del océano Atlántico tropical y la posibilidad de que el dipolo del océano Índico ingrese en una fase positiva, amplificando los efectos sobre distintas regiones.

2. Riesgos de inundaciones, calor extremo y sequías

La segunda advertencia está vinculada con el impacto esperado sobre diferentes regiones del mundo.

La OMM anticipa que entre agosto y octubre de 2026 existe una alta probabilidad de que gran parte de las áreas continentales registren temperaturas superiores a los promedios históricos.

Entre las zonas más expuestas aparecen:

  • Gran parte de Sudamérica.
  • América Central y el Caribe.
  • El sur de Europa.
  • El este de Asia.
  • El subcontinente indio.
  • El sur de África.
  • Nueva Zelanda.
  • La península Arábiga.

Al mismo tiempo, algunas regiones experimentarán lluvias muy superiores a lo habitual, mientras que otras enfrentarán sequías prolongadas.

El impacto previsto para Argentina

En el caso argentino, los pronósticos indican una mayor probabilidad de precipitaciones por encima de los valores normales, especialmente en el centro y el este del país.

El meteorólogo Marcelo Madelón explicó que este tipo de episodios suele favorecer inundaciones durante el verano y advirtió que, debido a la intensidad prevista para este «Súper Niño», esos eventos podrían alcanzar una magnitud mayor que la observada en ciclos anteriores.

Además del exceso de lluvias, la OMM incluye a Argentina entre los países con mayor probabilidad de sufrir temperaturas superiores al promedio, lo que incrementa el riesgo de olas de calor, estrés hídrico y dificultades para los sectores agrícola, energético y sanitario.

No obstante, el organismo recuerda que los pronósticos climáticos representan probabilidades y que la intensidad de los impactos dependerá de la interacción entre distintos fenómenos atmosféricos y oceánicos.

3. La prevención será decisiva

La tercera clave señalada por la ONU y la OMM es que disponer de buenos pronósticos no alcanza si no existen políticas de prevención.

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, sostuvo que El Niño es uno de los fenómenos meteorológicos más monitoreados del planeta, pero recordó que «los pronósticos por sí solos no evitan los peligros; eso solo pueden hacerlo las personas».

Por ese motivo, los organismos internacionales impulsan el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana y la coordinación entre gobiernos, servicios meteorológicos y organismos de emergencia.

El objetivo es brindar información anticipada para que los sectores más vulnerables puedan prepararse frente a posibles inundaciones, sequías, olas de calor o pérdidas en la producción agropecuaria.

Entre las principales medidas recomendadas figuran:

  • mejorar la planificación agrícola;
  • reforzar la gestión del agua;
  • proteger la infraestructura crítica;
  • fortalecer los sistemas sanitarios;
  • actualizar los protocolos de respuesta ante emergencias.

Según Saulo, las decisiones que se adopten durante los próximos meses serán determinantes para reducir los efectos del fenómeno.

Un desafío climático de alcance global

Para la ONU, El Niño 2026 representa mucho más que un episodio natural de variabilidad climática.

Su intensidad, combinada con un planeta que atraviesa temperaturas récord por efecto del cambio climático, configura uno de los escenarios de mayor riesgo registrados hasta ahora.

Los organismos internacionales coinciden en que la capacidad de anticipar los impactos y actuar antes de que ocurran será determinante para reducir las consecuencias sociales, económicas y ambientales de un fenómeno que ya comenzó a sentirse en distintas regiones del mundo.

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