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El reconocido penalista rosarino, con trayectoria en causas de alto perfil como la defensa de referentes de Los Monos y la familia Laferrara, sostiene que la demora en activar los protocolos de búsqueda fue una de las fallas clave que permitió el femicidio de la adolescente de 14 años en Córdoba. “La primer hora define todo”, advierte.
El femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años desaparecida el 23 de mayo en barrio General Mosconi y hallada sin vida una semana después en un descampado de Ampliación Ferreyra, expuso múltiples grietas en los sistemas de búsqueda de menores y en la investigación penal. Para el abogado penalista Ezequiel Torres, que ejerce en Rosario y ha llevado causas de alto perfil como la defensa de referentes de Los Monos y de la familia Laferrara en el caso de Esteban Lindor Alvarado, el caso cordobés es un ejemplo contundente de cómo el sistema falla en la etapa más crítica: las primeras horas.
Torres, quien en mayo de 2026 declaró que Rosario se convirtió en “la ciudad más complicada para trabajar como abogado penalista”, analizó para este medio los puntos críticos que marcaron la investigación del caso Agostina. Su diagnóstico es contundente: “El Alerta Sofía debe ser inmediato, no burocrático” .
Las fallas en la investigación: el tiempo perdido no vuelve
El primer error que señala el abogado penalista es la demora en tratar la desaparición de Agostina como lo que finalmente fue: un femicidio.
“En causas de sustracción de menores, la primera jornada es la más decisiva. Si no se activan los mecanismos de búsqueda de inmediato, se pierde el rastro de la víctima y se permite que los responsables destruyan pruebas”, advierte Torres.
En el caso de Agostina, la adolescente salió de su casa el sábado 23 de mayo a las 22:30. Recién al día siguiente, la familia acudió a una comisaría a denunciar la desaparición. Pero para entonces, según la investigación, Agostina ya estaba muerta dentro de la vivienda de Claudio Barrelier en barrio Cofico. Las cámaras de seguridad que la captaron ingresando a la casa del femicida no fueron analizadas con la celeridad necesaria.
Torres sostiene que este tipo de demoras son estructurales: “Muchas veces el sistema trata estos casos como ‘fuga’ o ‘deserción’ en lugar de ‘posible secuestro’ o ‘femicidio’. Ese es el primer error. Y cuando recién se empieza a buscar, ya es tarde”.
Alerta Sofía: inmediatez, no burocracia
Uno de los puntos centrales del análisis de Torres es la necesidad de que el Alerta Sofía —el sistema nacional de alerta contra la sustracción de menores— se active de manera inmediata ante cualquier desaparición en circunstancias extrañas.
“No se puede esperar a tener pruebas concluyentes. La sospecha fundada debería ser suficiente para disparar la alerta”, sostiene el abogado.
El Alerta Sofía es un mecanismo que, activado a tiempo, moviliza a todo el ecosistema mediático y policial: difusión masiva del rostro y los datos de la víctima, puntos de control en rutas, alertas a fuerzas de seguridad y medios de comunicación. En el caso de Agostina, esa alerta no se activó con la inmediatez que el protocolo exige.
Según Torres, el femicidio de Córdoba demuestra que “esperar a tener certezas para actuar es condenar a la víctima”. Y agrega: “La difusión masiva del rostro y los datos de Agostina en el momento exacto de la desaparición podría haber cerrado los anillos de búsqueda, impidiendo el traslado del cuerpo o la fuga del agresor”.














