Jueves 27 de agosto de 2026
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Bill Gates pide reservar empleos para humanos: “Muchos trabajos van a desaparecer para siempre”

6 min de lectura

El cofundador de Microsoft propuso crear una categoría de trabajos que las máquinas no puedan reemplazar y planteó gravar el uso de inteligencia artificial y los robots. Su propio cálculo, sin embargo, muestra el límite de la propuesta: incluso en el escenario más protector, solo podría preservarse alrededor del 40% de los puestos de trabajo.

Bill Gates lanzó una advertencia poco habitual desde el corazón de la industria tecnológica: el avance de la inteligencia artificial puede provocar la desaparición permanente de numerosos empleos y, según sostuvo, no existe todavía un plan suficiente para enfrentar ese escenario.

El cofundador de Microsoft desarrolló su planteo en un ensayo de casi 6.000 palabras publicado en su sitio personal y lo profundizó en entrevistas con medios como The New York Times, Axios, CNN, Semafor y GeekWire.

Su diagnóstico apunta directamente a la industria que impulsó el desarrollo de estas tecnologías. Gates sostiene que quienes trabajan en inteligencia artificial conocen mejor que nadie la velocidad con la que avanza la tecnología y los riesgos que implica, pero que existe reticencia a hablar públicamente de sus consecuencias.

En una entrevista con Semafor, incluso dijo estar sorprendido por el “silencio” alrededor de estos riesgos. Según relató, dentro del sector existe el temor de que admitir públicamente el alcance de los avances pueda perjudicar a las empresas en un momento en que compiten por inversiones millonarias.

Gates advierte que se están cruzando las líneas rojas

El empresario también recordó que la industria tecnológica había identificado durante años determinados límites que, en teoría, deberían obligar a detenerse y evaluar las consecuencias.

Entre ellos mencionó la posibilidad de facilitar la creación de armas biológicas, abaratar los ciberataques, generar una dependencia emocional hacia las máquinas, provocar una destrucción masiva de empleos o perder el control sobre sistemas de inteligencia artificial.

“Estamos en proceso de cruzar cada uno de esos umbrales”, afirmó Gates, según GeekWire.

Su pronóstico sobre el futuro tampoco es optimista. En declaraciones a Axios, sostuvo que, al ritmo actual de desarrollo, existe una probabilidad “muy alta” de que el resultado neto de la inteligencia artificial sea negativo.

La propuesta “Human Reserved”

Frente a ese escenario, Gates propone crear una categoría de empleos bajo el concepto “Human Reserved” —“reservado para humanos”—.

La idea parte de una comparación con las reservas naturales: zonas en las que sería técnicamente posible construir, pero que la sociedad decide preservar porque considera que el beneficio de mantenerlas intactas es mayor que la ganancia económica inmediata.

Aplicado al mercado laboral, el concepto implicaría decidir que determinados trabajos deben permanecer en manos humanas incluso cuando una máquina pueda realizarlos de manera más rápida o económica.

Gates menciona como ejemplos el cuidado infantil y la participación en jurados. En otras áreas, como la salud y la educación, imagina un modelo mixto: los profesionales continuarían ocupando un lugar central, pero utilizarían inteligencia artificial como herramienta para mejorar su productividad.

La protección podría ser permanente para algunos of estos empleos y temporal para otros. El objetivo, en este último caso, sería dar tiempo a trabajadores que difícilmente puedan reconvertirse frente a una transformación acelerada del mercado laboral.

Gates plantea, por ejemplo, que no sería razonable exigirle a una persona de 55 años que pasó toda su vida trabajando en la construcción que cambie rápidamente de profesión para convertirse en enfermero.

Un impuesto a los robots y a la inteligencia artificial

La segunda parte de su propuesta apunta al sistema tributario.

Según Gates, las reglas actuales generan un incentivo económico para sustituir trabajadores por máquinas: contratar personas implica asumir salarios y cargas laborales, mientras que la adquisición de robots puede ser contabilizada como una inversión en equipamiento.

Por eso propone gravar tanto a los robots como el uso de inteligencia artificial. Entre sus ideas figura un impuesto sobre los tokens, las unidades de información que procesan los sistemas de IA.

El propio Gates reconoce la magnitud de la propuesta y la define como un cambio impositivo de una escala que no ha visto durante su vida, en un contexto de fuerte polarización política.

No es la primera vez que plantea una medida de este tipo. En 2017 ya había propuesto un impuesto a los robots, una iniciativa que entonces recibió críticas y reparos por parte de economistas.

El límite de la propuesta: ¿qué pasa con el otro 60%?

Uno de los datos más relevantes del planteo de Gates aparece al intentar dimensionar cuántos empleos podrían quedar efectivamente protegidos.

Según su cálculo, incluso en el escenario más agresivo de su propuesta, alrededor del 40% de los puestos de trabajo podrían preservarse.

El dato deja expuesta una de las principales dificultades del debate: aun con una política diseñada específicamente para proteger el empleo humano, una parte mayoritaria de los trabajadores podría quedar fuera de esas áreas protegidas.

En otras palabras, el propio escenario planteado por Gates supone que aproximadamente seis de cada diez puestos de trabajo no estarían cubiertos por una reserva permanente o temporal.

Por eso, su preocupación no se limita a qué empleos serán reemplazados. La pregunta que queda planteada es qué harán los trabajadores que no puedan permanecer dentro de esas áreas protegidas y qué políticas podrían acompañar su transición.

La discusión que abre Gates

El planteo del cofundador de Microsoft introduce una paradoja en el debate sobre inteligencia artificial. Una de las figuras centrales de la revolución tecnológica sostiene que el mercado, por sí solo, no necesariamente garantizará una transición ordenada hacia la nueva economía.

Su propuesta combina límites al reemplazo de trabajadores, incentivos fiscales diferentes para personas y máquinas y una intervención más activa del Estado.

Pero el propio cálculo de Gates muestra la dimensión del desafío: incluso el modelo más protector que plantea dejaría fuera a una mayoría de los trabajadores.

La discusión, entonces, no pasa únicamente por determinar qué tareas podrá realizar la inteligencia artificial. También obliga a preguntarse qué trabajos la sociedad considera que vale la pena preservar para los seres humanos, quién pagará el costo de esa decisión y qué ocurrirá con quienes queden fuera de esas zonas protegidas.

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