Miércoles 19 de agosto de 2026
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Suben las tasas de interés: qué señal dio el Gobierno para el dólar, el crédito y la actividad

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El Gobierno prioriza contener el dólar y sostener una política monetaria contractiva. La suba de los rendimientos en pesos encarece el financiamiento y complica la recuperación del crédito, mientras el Banco Central mantiene el foco puesto en bajar la inflación.

La suba de las tasas de interés en pesos volvió a instalarse en el centro de la escena económica argentina. La presión sobre el dólar mayorista, que en los últimos días se acercó a los $1.500, llevó a un incremento de los rendimientos de corto plazo y dejó una señal clara sobre las prioridades del Gobierno: preservar la estabilidad cambiaria aun cuando eso implique mantener condiciones financieras restrictivas.

El movimiento se observa principalmente en las operaciones de corto plazo. Este miércoles, las tasas de cauciones y repos a un día llegaron a ubicarse en torno al 30% nominal anual durante la rueda, antes de moderarse hacia el cierre.

También aumentaron los rendimientos de instrumentos como las letras Lecap del Tesoro. Por ahora, sin embargo, el movimiento no se trasladó con la misma intensidad a los depósitos tradicionales a plazo fijo.

El dólar y las tasas, dos variables difíciles de controlar al mismo tiempo

La explicación de los analistas apunta al intento oficial de establecer un límite a la cotización del dólar mayorista.

“Cuando el dólar se acercó a $1.500 el Gobierno salió a frenarlo por distintas vías y trató de que eso no se vaya a tasas, pero no podés controlar al dólar y a las tasas al mismo tiempo”, explicó Gabriel Caamaño, de Outlier.

El mecanismo es relativamente directo: cuando el Gobierno busca evitar una depreciación del peso, los inversores y ahorristas pueden exigir mayores rendimientos para permanecer posicionados en moneda local.

En otras palabras, si el mercado percibe que existe presión sobre el dólar pero las autoridades intentan contenerlo, mantener pesos puede requerir una tasa más elevada.

“Si frenás al dólar, a la larga las tasas se vuelven endógenas y reaccionan por su cuenta”, resumió Caamaño.

El costo puede aparecer en el crédito

El problema para la economía es que una suba de las tasas de corto plazo puede trasladarse, directa o indirectamente, al costo del financiamiento.

El contexto no es sencillo. Según datos del Banco Central analizados por First Capital Group, el crédito al sector privado cayó 1% en términos reales durante julio. Es decir, aunque el volumen nominal de los préstamos aumentó, lo hizo por debajo de la inflación.

Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, señaló que el crecimiento observado en junio no logró consolidarse y que los préstamos comerciales tampoco mostraron una expansión real significativa. Los hipotecarios fueron la principal excepción.

La situación genera un dilema para los bancos. Las entidades captan depósitos cuyos rendimientos pueden variar rápidamente cuando cambia el mercado, mientras que buena parte de los préstamos se otorga a tasas fijas.

“Los bancos toman depósitos a tasa variable, las tasas de corto plazo que pagan se mueven todo el tiempo, pero prestan a tasa fija. Es un riesgo que no van a volver a correr”, explicó Caamaño.

Por eso, una mayor volatilidad de las tasas puede desalentar la expansión del crédito incluso aunque exista demanda por préstamos.

Una economía que no será impulsada por la política monetaria

La señal oficial parece ser que la política monetaria no será utilizada como herramienta para acelerar la actividad económica en el corto plazo.

El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, fue explícito al respecto durante una exposición ante la Fundación FIEL. Según explicó, la autoridad monetaria mantiene desde fines del año pasado una política que no es expansiva y que seguirá teniendo un sesgo contractivo mientras la inflación permanezca por encima del objetivo.

La definición marca una prioridad: primero la estabilidad de precios y cambiaria; después, la recuperación de la actividad mediante una eventual flexibilización monetaria.

Esto implica que sectores que dependen del financiamiento bancario podrían enfrentar mayores dificultades para acelerar su recuperación.

Menos pesos, más presión sobre las tasas

Otro elemento que contribuye al aumento de los rendimientos es el nivel de liquidez disponible en el mercado.

Rocío Bisang, de GMA Capital, describió la situación como un trade-off entre la tasa de interés y el dólar. Según su análisis, el Gobierno parece inclinarse por contener el tipo de cambio.

Para lograrlo, la plaza financiera permanece relativamente seca de pesos. A esto se suma que el Banco Central viene comprando menos divisas, lo que también implica una menor inyección de pesos a la economía.

Con menos liquidez disponible, la tasa funciona como el mecanismo de ajuste del mercado y aumenta el rendimiento que se ofrece para atraer o mantener pesos.

El crédito en dólares gana protagonismo

En este escenario, el Gobierno comenzó a flexibilizar algunas condiciones para el otorgamiento de créditos en dólares.

La estrategia tiene un doble objetivo. Por un lado, permitir que las empresas accedan a financiamiento en moneda extranjera. Por otro, generar una mayor oferta de dólares en el mercado cambiario, dado que las empresas que reciben determinados préstamos deben liquidar esas divisas.

De esta manera, el crédito en dólares puede convertirse simultáneamente en una herramienta de financiamiento empresarial y en un mecanismo que contribuya a aliviar la presión sobre el tipo de cambio.

La señal para el mercado

El mensaje que surge de las últimas decisiones es que el Gobierno está dispuesto a tolerar tasas elevadas y una recuperación económica más lenta con tal de evitar una aceleración del dólar que pueda complicar el proceso de desinflación.

La disyuntiva es clara: tasas más bajas podrían favorecer el consumo, la inversión y el crédito, pero también podrían aumentar la demanda de dólares. Tasas más altas, en cambio, hacen más atractivo permanecer en pesos y ayudan a contener las presiones cambiarias, aunque a costa de encarecer el financiamiento.

Por ahora, el Gobierno parece haber elegido la segunda alternativa.

La definición de Bausili resume la estrategia: el Banco Central no busca impulsar la actividad mediante una política monetaria expansiva, sino mantener un sesgo contractivo mientras la inflación continúe por encima de su objetivo.

Así, el rumbo de corto plazo queda marcado por una prioridad concreta: defender la estabilidad cambiaria y continuar bajando la inflación, aun si eso significa postergar una recuperación más vigorosa del crédito y de algunos sectores de la economía.

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