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El acuerdo con Estados Unidos contempla tres aeronaves en préstamo y una cuarta adquirida por Colombia. El sistema combina vigilancia, inteligencia y capacidad de ataque y llega en medio de un endurecimiento de la política de seguridad de Bogotá.
Colombia incorporará una de las plataformas no tripuladas más conocidas de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos: el MQ-9A Reaper, un sistema diseñado para realizar misiones prolongadas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento y que, a diferencia de los drones destinados exclusivamente a observar, también puede emplear armamento contra objetivos terrestres.
El acuerdo alcanzado con Washington contempla inicialmente tres aeronaves en préstamo y una cuarta adquirida por Colombia. La incorporación se produce en un momento de cambios en la política de defensa del país y de mayor cooperación militar con Estados Unidos para enfrentar a grupos armados y organizaciones vinculadas con el narcotráfico.
Para el analista Andrei Serbin Pont, la llegada de los Reaper debe interpretarse como parte de un cambio más amplio en la estrategia colombiana. El acuerdo avanzó luego del viaje a Estados Unidos del ministro de Defensa colombiano, el general retirado Jorge Eduardo Mora.
Un dron pensado para permanecer horas sobre una zona
El MQ-9A Reaper pertenece a la categoría de aeronaves no tripuladas de media altitud y gran autonomía. Su principal característica es la posibilidad de permanecer durante períodos prolongados en el aire, lo que permite sostener tareas de vigilancia y obtención de información durante una misma misión.
La aeronave puede alcanzar una autonomía de hasta 27 horas, mientras que su techo operativo ronda los 15.000 metros. También dispone de capacidad para transportar armamento externo, entre el que se incluyen bombas guiadas y misiles Hellfire en las configuraciones correspondientes.
Esta combinación convierte al Reaper en una plataforma diferente de los drones utilizados únicamente para reconocimiento. El mismo sistema que permite observar una determinada zona durante horas también puede, bajo las configuraciones autorizadas, emplearse para realizar ataques contra objetivos terrestres.
Para Colombia, esa característica resulta especialmente relevante debido a la extensión de su territorio y a la presencia de grupos armados en áreas selváticas, fronterizas y de difícil acceso.
Una plataforma con dos décadas de experiencia
El Reaper no es una tecnología experimental. La plataforma acumula aproximadamente 20 años de servicio y una extensa experiencia operacional con las Fuerzas Armadas estadounidenses.
Su trayectoria incluye numerosas misiones en escenarios de conflicto de Medio Oriente y África, donde fue utilizado para tareas de vigilancia, inteligencia y operaciones de ataque.
Esa experiencia constituye uno de los principales atractivos de la aeronave para Colombia: se trata de un sistema cuya tecnología y empleo operacional ya fueron desarrollados durante años por Estados Unidos.
Con las tres aeronaves proporcionadas inicialmente por Washington y la cuarta adquirida por Bogotá, Colombia busca disponer de una capacidad que permita sostener una presencia aérea no tripulada durante períodos prolongados.
Vigilancia e inteligencia, pero también capacidad ofensiva
El principal cambio que introduce el Reaper en las capacidades colombianas está en la posibilidad de combinar vigilancia persistente, obtención de inteligencia y capacidad ofensiva en una misma plataforma.
Los drones pueden permanecer durante largos períodos sobre determinadas áreas y transmitir información que contribuya a orientar las operaciones de las fuerzas desplegadas en tierra.
Esta capacidad adquiere particular importancia en regiones donde el terreno dificulta el acceso y donde las organizaciones armadas pueden aprovechar la selva y las zonas fronterizas para desplazarse.
El sistema, por lo tanto, no reemplaza necesariamente a las tropas terrestres, sino que puede funcionar como un elemento de apoyo para ampliar la capacidad de observación y seguimiento de las operaciones.
El cambio en la política de seguridad de Colombia
La incorporación de los Reaper coincide con un endurecimiento de la estrategia colombiana frente a los grupos armados y el narcotráfico.
El nuevo gobierno busca diferenciarse de la política desarrollada durante la administración de Gustavo Petro y plantea un mayor énfasis en las capacidades militares y en la cooperación con Estados Unidos.
En paralelo, Colombia anunció otras medidas destinadas a fortalecer sus Fuerzas Militares, entre ellas nuevas adquisiciones y acciones para recuperar la disponibilidad operativa de parte de su flota.
El acuerdo por los Reaper forma parte de ese proceso de modernización y también profundiza el vínculo militar entre Bogotá y Washington.
Una nueva capacidad para Colombia
La llegada del MQ-9A Reaper representa, en definitiva, un salto cualitativo en las capacidades de vigilancia aérea no tripulada de Colombia.
Su autonomía de más de un día, la experiencia acumulada durante dos décadas y la posibilidad de integrar inteligencia, vigilancia y capacidad ofensiva convierten a la plataforma en una herramienta relevante para la nueva estrategia de seguridad de Bogotá.
El desafío para Colombia será integrar estas aeronaves a sus estructuras de inteligencia y operaciones y aprovechar sus capacidades dentro de un escenario muy diferente de aquellos conflictos en los que el Reaper se hizo conocido.
De Afganistán e Irak a las zonas selváticas y fronterizas colombianas, el MQ-9A comienza así una nueva etapa: pasar de ser una herramienta característica de las operaciones estadounidenses a convertirse en parte de la estrategia con la que Bogotá busca reforzar el control de su territorio y enfrentar a los grupos armados y organizaciones criminales.















