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Después de cuatro décadas de actividad, el emblemático local de Recoleta bajará definitivamente sus persianas. Su dueño aseguró que las ventas ya no alcanzan para cubrir los costos y que llegó el momento de cerrar. La historia conmovió a miles de personas en redes sociales.
Durante más de cuarenta años fue una parada obligada para vecinos, estudiantes, trabajadores y turistas. Pero esa historia llegará a su fin este fin de semana.
El histórico kiosco de Callao 1352, en el barrio porteño de Recoleta, reconocido como el primer comercio de atención las 24 horas del país, cerrará definitivamente sus puertas luego de que su dueño, Mario «Marito» Adami, asegurara que ya no puede afrontar los costos de funcionamiento.
La noticia se volvió viral en las redes sociales y generó una ola de mensajes de apoyo, aunque el comerciante aseguró que la decisión ya está tomada.
«El negocio debería darme, por lo menos, lo mínimo para vivir. Hoy sucede todo lo contrario», resumió con emoción.
Un negocio que dejó de ser rentable
Según explicó Adami, actualmente necesita facturar alrededor de 100.000 pesos por día para cubrir alquiler, servicios y demás gastos fijos.
Sin embargo, las ventas apenas alcanzan los 40.000 pesos diarios, de los cuales la mayor parte ingresa mediante transferencias electrónicas.
A eso se suma un alquiler cercano a los cinco millones de pesos mensuales, además de facturas de electricidad y otros servicios que terminaron haciendo inviable la continuidad del comercio.
«Trabajo muchas horas y además tengo que poner plata de mis ahorros y de mi jubilación para sostener el negocio», lamentó.
De un ícono del barrio al cierre definitivo
Adami llegó al kiosco tras retirarse de la Fuerza Aérea Argentina y en 1997 se convirtió en propietario del local.
Durante años el comercio fue un punto de encuentro en Recoleta y recibió entre sus clientes a vecinos, estudiantes y reconocidas figuras del espectáculo, la cultura y la política.
En sus mejores épocas, recordó, la recaudación de un solo fin de semana alcanzaba para pagar el alquiler mensual.
Hoy, en cambio, asegura que el escenario cambió por completo.
Más competencia y menos consumo
El comerciante atribuye la caída de las ventas a varios factores.
Por un lado, la proliferación de cadenas, supermercados y farmacias que también venden productos típicos de kiosco. Por otro, los cambios en los hábitos de consumo y la apertura de nuevos comercios similares en pocas cuadras.
«Antes la gente compraba golosinas, bebidas premium y otros productos. Ahora busca lo más económico», explicó.
Además, señaló que el movimiento matutino prácticamente desapareció y que la actividad se concentra en pocas horas del día.
Una despedida con el barrio
Luego de que su historia se viralizara, Adami recibió mensajes de afecto de clientes de toda la vida, vecinos y empresas que se acercaron para colaborar con productos y acompañarlo en este difícil momento.
Pese a ese respaldo, aseguró que mantener abierto el kiosco ya no resulta posible.
Como forma de agradecer el cariño recibido, este sábado realizará una despedida frente al local, con música, regalos y distintas actividades para quienes quieran acercarse a compartir el último día de funcionamiento del histórico comercio.
El encuentro será entre las 13:30 y las 17 en el kiosco ubicado sobre la avenida Callao al 1352, donde «Marito» bajará la persiana por última vez, poniendo fin a una historia que marcó a generaciones de vecinos porteños.













