Martes 8 de septiembre de 2026
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700 despidos en Granja Tres Arroyos sacuden a Capitán Sarmiento: ollas populares, familias en crisis y temor por el futuro

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La crisis de la planta avícola dejó a cientos de trabajadores sin ingresos y generó un fuerte impacto en una ciudad de apenas 15.000 habitantes. La comunidad organiza colectas y viandas para asistir a las familias afectadas.

Capitán Sarmiento atraviesa una de las crisis sociales y económicas más profundas de los últimos años. El conflicto de Granja Tres Arroyos, que derivó en más de 700 despidos en los últimos días, golpeó directamente a cientos de familias y encendió la alarma en una localidad bonaerense donde la planta representaba una de las principales fuentes de empleo.La ciudad tiene alrededor de 15.000 habitantes y más de 1.000 personas trabajaban en la planta. Los despidos alcanzaron a unos 554 trabajadores de Capitán Sarmiento y otros 150 de localidades cercanas.A la pérdida de los puestos de trabajo se suma una situación salarial crítica. La empresa acumulaba una deuda de aproximadamente dos meses y medio de salarios, aguinaldos y vacaciones, mientras que ahora también existe incertidumbre sobre el pago de las indemnizaciones.Un pueblo paralizado por la incertidumbreEl impacto excede ampliamente a los trabajadores despedidos. Comercios, prestadores de servicios y familias enteras dependen, directa o indirectamente, de la actividad de la planta.Según trabajadores consultados, los salarios rondaban en promedio los $3 millones, una cifra significativa para una localidad pequeña. El temor ahora es que la pérdida de esos ingresos provoque una caída generalizada del consumo y profundice el cierre de comercios que ya venían atravesando dificultades.Algunas familias que habían llegado desde otras localidades para trabajar en la planta incluso analizan abandonar Capitán Sarmiento en busca de nuevas oportunidades laborales.Ollas populares y solidaridadAnte la emergencia, vecinos, instituciones y organizaciones sociales comenzaron a organizar distintas acciones para asistir a las familias.El Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA) ya entregaba mercadería desde hacía más de dos meses debido a los atrasos salariales. Ahora también comenzaron las ollas populares, con entrega de comida durante la noche.La solidaridad se multiplicó en distintos puntos de la ciudad. Clubes deportivos, gimnasios, organizaciones y particulares instalaron colectas para reunir alimentos, pañales y productos de higiene.Incluso un salón de fiestas privado comenzó a recibir a familias que necesitan comida.“De alguna manera vamos a hacer los cumpleaños”, expresó Claudia, responsable del lugar, al explicar que varias familias habían cancelado festejos infantiles porque ya no podían afrontar los gastos.El espacio decidió ofrecer gratuitamente el salón y buscar la manera de conseguir los alimentos necesarios para que los chicos puedan mantener sus celebraciones.Los chicos, entre los más afectadosLa crisis también comenzó a sentirse en las escuelas y espacios de contención para niños.Durante los últimos días se organizó una chocolatada en un Centro Educativo de la localidad, con el objetivo de ofrecer a los chicos un momento de distracción y acompañamiento frente a la situación económica que atraviesan sus familias.Los clubes también se sumaron a la ayuda. Varias instituciones deportivas realizaron una jornada solidaria para reunir alimentos no perecederos destinados a los trabajadores despedidos.Qué pasa con la plantaMientras continúan los despidos y la incertidumbre, unas 300 personas permanecen vinculadas laboralmente con la empresa, aunque tampoco tienen certezas sobre su futuro.La situación se complicó además por una deuda superior a los $2.000 millones con la distribuidora eléctrica Edenor —según lo informado en el artículo original— y las dificultades para garantizar el suministro de energía.La planta retomó parcialmente algunas actividades mediante un grupo electrógeno, aunque los trabajadores advierten que la continuidad dependerá de la disponibilidad de combustible y de la evolución del conflicto.En paralelo, trascendió que la empresa estaría preparando un eventual concurso de acreedores, mientras circulan versiones sobre una posible venta de la planta. Por el momento, ninguna de esas alternativas despeja la incertidumbre de los trabajadores.El Municipio reforzó la asistenciaDesde el Municipio de Capitán Sarmiento también se incrementaron las medidas de asistencia.La intendenta Fernanda Astorino señaló que el gobierno local está colaborando con alimentos y realizando gestiones para evitar cortes de servicios esenciales a las familias afectadas.También se brinda asistencia a través del hospital municipal para quienes necesitan medicamentos y no pueden afrontar su costo.“Nos vamos a poner a disposición con todos los recursos hasta donde podamos”, sostuvo la jefa comunal.Una crisis que amenaza con cambiar la vida de todo un puebloEl conflicto de Granja Tres Arroyos ya no representa solamente un problema laboral. En Capitán Sarmiento existe preocupación por el efecto dominó que puede provocar la pérdida de cientos de salarios sobre comercios, alquileres, servicios y actividades que durante décadas crecieron alrededor de la planta.Mientras las familias buscan alternativas para sostenerse y la comunidad multiplica las muestras de solidaridad, el interrogante central sigue sin respuesta: qué ocurrirá con la planta y con los cientos de trabajadores que quedaron sin empleo.Por ahora, Capitán Sarmiento intenta contener a sus vecinos mientras enfrenta una crisis que amenaza con modificar profundamente la economía y la vida cotidiana de toda la ciudad.

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