Viernes 28 de agosto de 2026
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Pantallas en menores de 5 años: advierten por problemas de sueño, lenguaje y atención

5 min de lectura

Un estudio de la Universidad Austral y el Gobierno porteño analizó cómo las familias utilizan celulares, tablets y televisión durante la primera infancia. Los especialistas alertan sobre sus posibles efectos y remarcan que no todos los hogares cuentan con las mismas herramientas para limitar su uso.

Las pantallas forman parte cada vez más de la rutina de los niños pequeños. Celulares, tablets y televisión aparecen durante las comidas, los viajes, las esperas o cuando los adultos necesitan unos minutos para cocinar, trabajar o resolver otras tareas.

Un informe elaborado por el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires junto con la Universidad Austral analizó cómo las familias con niños de hasta 5 años incorporan estos dispositivos a la crianza y cuáles son sus principales preocupaciones.

El trabajo se realizó a partir de 10 grupos focales con 78 participantes, entre ellos madres, padres, abuelos, niñeras y otros cuidadores. Los testimonios revelaron una preocupación común por los posibles efectos de la exposición temprana a las pantallas, especialmente sobre el sueño, el lenguaje, la atención, la ansiedad y la tolerancia a la frustración.

No es lo mismo televisión que celular

Las familias diferenciaron entre los distintos dispositivos. La televisión apareció más vinculada con contenidos compartidos, como películas o música, mientras que el celular y la tablet fueron asociados a consumos individuales, videos breves y una mayor dificultad para supervisar qué miran los chicos.

También surgió preocupación por los algoritmos y por el acceso a contenidos que no siempre son adecuados para la edad.

Pero el informe advierte que las pantallas no suelen aparecer como una decisión planificada de crianza, sino como una herramienta para resolver situaciones cotidianas.

“Debo confesar que yo de a ratitos pongo videos en el celular, es mi salvación”, contó una de las madres participantes.

Otros adultos señalaron que recurren a los dispositivos para que los niños coman, se queden quietos, permitan que los peinen o simplemente para poder realizar otra actividad.

Por eso, el problema no se limita a cuántos minutos pasan frente a una pantalla. También importa para qué se utiliza, qué contenido consumen los chicos, en qué momento y si existe acompañamiento adulto.

El impacto de las pantallas también depende de la situación familiar

Uno de los principales aportes del estudio es que muestra que no todas las familias pueden establecer los mismos límites.

En los sectores socioeconómicos más vulnerables, el uso de dispositivos aparece más relacionado con la falta de redes de apoyo, la sobrecarga de las personas cuidadoras y las dificultades para organizar las tareas cotidianas.

En cambio, los hogares con mayores recursos suelen contar con redes familiares y sociales más amplias que permiten distribuir las responsabilidades de cuidado.

El informe también registra conflictos cuando los adultos intentan retirar los dispositivos: llanto, enojo y berrinches son algunas de las situaciones mencionadas por las familias.

Desde la Universidad Austral, Dolores Dimier de Vicente destacó que existe una fuerte demanda de orientación. Muchas familias, señaló, necesitan herramientas concretas para saber cómo establecer límites y aplicar las recomendaciones en la vida cotidiana.

Qué dice la evidencia científica

El estudio porteño es cualitativo y no permite establecer por sí mismo una relación causal entre el uso de pantallas y problemas específicos del desarrollo. Sin embargo, sus resultados coinciden con preocupaciones que aparecen en investigaciones y recomendaciones pediátricas internacionales.

La evidencia disponible señala que una exposición excesiva puede desplazar actividades fundamentales durante los primeros años, como dormir, jugar, moverse, conversar y relacionarse cara a cara.

También se estudian posibles asociaciones entre un uso elevado de pantallas y dificultades relacionadas con el lenguaje, la atención, el sueño y la interacción social.

La Sociedad Argentina de Pediatría recomienda evitar las pantallas en menores de 2 años y limitar su uso a alrededor de una hora diaria en niños de 2 a 5 años, priorizando contenidos adecuados y acompañamiento adulto.

La pediatra Silvina Pedrouzo, de la SAP, advirtió que la sobreexposición puede producir una sobreestimulación en una etapa de inmadurez cerebral y afectar procesos como la atención, la memoria, el aprendizaje y la interacción social.

El desafío: poner límites sin ignorar la realidad

El informe plantea que reducir el uso de pantallas no depende únicamente de la voluntad de madres y padres. El contexto familiar, el trabajo, el cansancio, la disponibilidad de otras personas cuidadoras y las condiciones económicas también influyen.

Por eso, los especialistas sostienen que las recomendaciones deben estar acompañadas por herramientas concretas y redes de apoyo.

La discusión ya no pasa solamente por prohibir o permitir el celular, la tablet o la televisión. El desafío es lograr que estos dispositivos no terminen desplazando experiencias fundamentales para el desarrollo infantil, como el sueño, el juego, el movimiento y el contacto con otros.

En los primeros años de vida, establecer un equilibrio puede ser especialmente importante: las pantallas pueden formar parte de la vida cotidiana, pero no deberían convertirse en el principal recurso para calmar, entretener o acompañar a los niños.

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