Viernes 3 de julio de 2026
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No hay conflicto entre el liberalismo y el sindicalismo

4 min de lectura

Marcelo Peretta – Secretario General del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB)

El debate sobre la compatibilidad entre el liberalismo y el sindicalismo suele resolverse con un «sí, pero», cuando la respuesta correcta es un «sí, y». No hay conflicto entre ser liberal y ser sindicalista, como tampoco lo hay entre defender la libertad individual y la organización colectiva de los trabajadores. La contradicción es falsa, y quienes la plantean o no entienden el liberalismo o no entienden el sindicalismo.

El liberalismo está para darte información y para liberar la burocracia estatal que te impide hacer tantas cosas, pero también para protegerte en temas como la seguridad y la justicia

El debate que no debería existir

incompatible con el liberalismo es el sindicalismo corporativo, el que se convirtió en una casta que defiende privilegios en lugar de derechos, el que se aburguesó y dejó de representar a los trabajadores que dice representar.

Cuando miro el estado del mercado laboral argentino, veo el fracaso de ese modelo sindical. Hay 8 millones de trabajadores en negro y solo 6,5 millones en blanco. Son 8 millones de argentinos que no tienen sindicato que los proteja, que no tienen convenio, que no tienen obra social, que no tienen nada. Y este es el resultado de un sistema que, en lugar de competir para representar mejor a los trabajadores, se dedicó a mantener un unicato sindical que beneficia a los «gordos» y excluye al resto.

Liberalismo es libertad, también para los trabajadores

El liberalismo no es enemigo del trabajador. El liberalismo auténtico es el que defiende el derecho a elegir, a competir, a mejorar. El liberalismo no es el amiguismo monopólico de los «empresaurios» que se benefician del poder, ni es la especulación financiera que empobrece al país .

El liberalismo que yo defiendo quiere un Estado chico, pero fuerte. Un Estado que garantice seguridad y justicia, pero que no intervenga para proteger a los de siempre, que no cree privilegios para los amigos del poder, que no mantenga un sistema que impide que más trabajadores se registren .

Lo que hicieron los gobiernos de las últimas décadas, incluido el actual, no es liberalismo. Es capitalismo de amigos, una falsa burguesía nacional que se beneficia a sí misma y deja afuera a los que realmente producen . Por eso digo que los de Milei están muy alejados del liberalismo: pisan el dólar, fijan las tasas, mienten la inflación y la pobreza, y niegan que emiten moneda .

El sindicalismo que necesita la Argentina

El sindicalismo tradicional se aburguesó. La cúpula sindical es conservadora y busca mantener el status quo . Se congelaron en convenios colectivos de los años 70 que ya no responden a la realidad del trabajo actual, mientras los trabajadores se quedan afuera del sistema formal .

Por eso propongo:

Libertad sindical: que los trabajadores puedan elegir su sindicato y su convenio, que no haya «patota» obligándolos a afiliarse a un gremio que no los representa .

Competencia:que los sindicatos tengan que convencer a los trabajadores de que es mejor estar afiliado que no estarlo, en lugar de imponerse por decreto.

Modernización: que los convenios se renueven, que se adapten a las nuevas realidades laborales, que no se conviertan en una excusa para mantener a los trabajadores en la informalidad .

El enemigo es el sistema que confunde el derecho adquirido con el privilegio eterno. El liberalismo auténtico no está reñido con la defensa de los derechos de los trabajadores; al contrario, los fortalece porque los basa en la libertad y la competencia, no en el monopolio y la imposición. Y si algo está claro es que el modelo actual no funciona. Hay que animarse a cambiarlo.

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