4 min de lectura
La ceremonia en el Monumento a la Bandera fue escenario de movimientos políticos clave. Javier Milei apoyó a Manuel Adorni, Victoria Villarruel fue esquivada por los funcionarios libertarios y Patricia Bullrich mantuvo una conversación con el jefe de Gabinete. El gobernador Pullaro reclamó inversión federal.

La celebración por el Día de la Bandera en el Monumento Histórico Nacional a la Bandera de Rosario fue este sábado el escenario de movimientos políticos que reflejan el estado de las relaciones dentro del oficialismo y entre el Gobierno nacional y la provincia de Santa Fe. El acto, cargado de simbolismo, tuvo como protagonistas a Javier Milei, quien llegó acompañado de su hermana Karina, y a todo su Gabinete.
La expectativa estaba puesta en la reaparición pública del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, luego de sus declaraciones de la semana pasada sobre su incremento patrimonial, y en la vicepresidenta Victoria Villarruel, que forzó su presencia en el acto luego de que la Casa Rosada le negara la invitación. Villarruel llegó sola con sus colaboradores al Monumento. Solo fue saludada por invitados de la provincia y algunos legisladores nacionales. Los dirigentes oficialistas la eludieron como si fuera una mancha venenosa.
Antes, a bordo de un avión militar, llegaron a la ciudad de Rosario todos los integrantes del Gabinete. Adorni arribó acompañado de varios ministros y, custodiado por el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, fue abordado por la senadora Patricia Bullrich, quien no escatimó en críticas a su figura durante las últimas semanas al sugerir que debe dar un paso al costado. Aun así, ambos mantuvieron una conversación de casi cinco minutos, a la que una de las partes calificó de «tranquila».
Javier Milei ingresó minutos más tarde junto a su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Al llegar, Milei abrazó a todos sus alfiles que estaban en primera fila, incluidos Bullrich y Adorni. El gesto de la Casa Rosada se cumplió y fue un nuevo apoyo hacia el jefe de Gabinete, quien ayer le fue encontrado reemplazo en la Vocería Presidencial.
En diálogo exclusivo con Infobae, Villarruel asestó contra la cúpula del Gobierno: «No era un acto para apoyar a Adorni. Y no hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que Adorni. Entonces, me parece que no era el lugar para hacer ningún apoyo». Pese a esa declaración, la Vice también jugó: no aplaudió en ningún momento las palabras de Milei y mientras todo el público cantaba el Himno Nacional mirando hacia el escenario en donde el Presidente estaba con Maximiliano Pullaro y Pablo Javkin, optó por ser la única en girar 180 grados y darle la espalda para observar al Mástil Mayor de la plaza.
Antes del cierre del Presidente, quienes hablaron fueron Javkin y Pullaro, que buscaron mostrarse por afuera de la interna libertaria. El intendente de Rosario fue uno de los que saludó en dos oportunidades a Villarruel, mientras que el gobernador le acercó la invitación formal días atrás cuando sabía que la Vice iba a ir a su ceremonia de cualquier manera. Pullaro es de los pocos gobernadores que ha sabido marcar distancia contundente con el Gobierno sin que se quiebre el diálogo. En su discurso, pidió mayor inversión de Nación en las provincias: «Necesitamos que, en este país federal, los recursos vuelvan en infraestructura para encender el motor del interior productivo». A su turno, Javkin también hizo sus propias reivindicaciones, como la de que «lo público y lo privado deben juntarse para cooperar».
El protocolo de seguridad que Nación coordinó con la provincia y la intendencia podría decirse que fue un éxito. No hubo movilizaciones o hechos de repudio visibles contra el gobierno más allá de un grito ocasional que se escuchaba desde el público. En la previa, en la Casa Rosada reconocían que no querían que hubiera ningún momento incómodo para los funcionarios, en particular para Adorni.














